Nadie ha rellenado el hueco dramático dejado por Julio Anguita en la coalición IU. Da pena escuchar las propuestas ideológicas de esos ganapanes, asistir el espectáculo de sus estrategias post-electorales, tomarle el peso a las demagogias insustanciales de unos y de otros. Su petición de dimisión a los dirigentes cordobeses está cargada de razón y su significativo silencio sobre el conjunto de la organización regional no deja de ser elocuente. Claro está que éstos no tienen la culpa de su estatura ni es cosa de compararse siempre con aquel líder excepcional que tuvieron, pero lo que tampoco tienen es sentido de la responsabilidad. No tienen más que verlos y oírlos tras el fracaso del 22-M, funámbulos sobre el peligroso alambre del oportunismo y agachados ante un PSOE que los despreció siempre.

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