Lo que la Junta ha hecho en la crisis de Astilleros ha sido tratar de ganar tiempo engañando a los trabajadores y a la opinión pública. De sobra conocían los esgrimidores de la famosa “hoja de ruta” la auténtica situación financiera de la empresa que salen diciendo ahora que acaban de descubrir, lo que no impidió que, no sólo dieran largas, sino que contrajeran compromisos a pie de obra de los que ya no quiere ni oír hablar. ¿Por qué la Junta elige siempre el circunloquio y el camelo, por qué juega con las esperanzas vitales de los que no tienen más que su trabajo, cómo justifica sus cambiazos sin alternativa? En Astilleros, la Junta ha demostrado tanta insolvencia como cinismo y ahora, sencillamente, no sabe por dónde tirar.

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