Desde el Egipto faraónico a la Rusia soviética se repite la operación: dañar el recuerdo del líder caído, borrarlo de la Historia y, si fuera posible, negarle hasta el más mínimo reconocimiento. El penúltimo ensayo, éste perpetrado por el cómico CIS de desarraigar el susanato negando a su lideresa todo bien y atribuyéndole todo mal, muy en especial el de haber perdido, con las pasada elecciones, un “régimen” semicentenario. ¡Como si nada hubieran tenido que ver con esa debacle la leyenda de las corrupciones o el desastre separatista, como si el tiempo no erosionara fatalmente al poder! Van por ella ahora como en su día fueron por Escuredo o Borbolla, porque esta autonomía no ha logrado nunca librarse de esa bien tramada patraña que siempre fue el  “centralismo democratico”. La política será siempre un palimpsesto en el que la derrota no tendrá nunca un lugar.

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