Que a lo de Marbella –un secreto a voces, una viejísima denuncia de El Mundo—no se le metiera mano hasta que convino para tapar un escandalazo incómodo en extremo para el propio Gobierno. Que a los ediles “populares” de Alhaurín el Grande sólo se les detuviera coincidiendo con la presencia del propio Rajoy en la comarca. Que cada vez que el Gobierno tiene por donde temer cae un racimo de rivales y en cada ocasión que se descubre un desvalijo atribuible a los suyos, la máquina policial y judicial se moviliza como si la hubieran engrasado. Qué casualidad, coños, esta administración de noticias que, de hecho, persigue y logra a administración de titulares, y qué inquietante sensación de que se utilizan los recursos administrativos para influir en el juego político y torcer la deriva electoral. El PP tendría que exponer a la vergüenza pública a sus corruptos exigiendo que en la misma picota se mostraran también los de enfrente. Para que los conociéramos los contribuyentes y no sólo los mandamases. 

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