Chaves podría acabar arrepintiéndose de su apuesta por la “discriminación positiva” a la hora de formar gobierno no sólo paritario sino con mayoría de mujeres. Porque ese designio, que resulta inobjetable en teoría, deja de serlo cuando escuchamos a una presidenta del Parlamento andaluz reclamar para las mujeres del Gobierno regional menos “interinidad” y (no se pierdan el idiotismo) menor “índice de rotación”. La doña exige, como se ve, no sólo que desaparezca el prejuicio machista sino que se garantice al “género” una suerte de derecho al poder traducido en cuotas pero también en compromiso de duración de los mandatos. No se cuestiona, como puede verse, si las hembras en el Gobierno han hecho bien, regular o mal su tarea, en comparación o no con los machos, sino simplemente se exige que haya más mujeres en el poder y que permanezcan en él. En esta materia estamos tocando fondo. El lehendakari habló el otro día en nombre de “nosotros y nosotras”, ya ven. Aquí nos falta media hora para cogerle la vez. 

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