En medio de la tenaz ofensiva contra Sarkozy (romance con la Bruni, intrigas de Cecilia, conflicto en torno a la inmigración o al himno nacional, encuestas demostrativas de su declive ante la opinión pública, manifiestos a favor de Ségolène), un grupo de intelectuales franceses despidió febrero, junto a sindicatos y federaciones culturales, movilizándose contra el severo ajuste presupuestario que, según ellos, persigue la aplicación del modelo liberal al mercado de la Cultura y, según él, no es más que la revisión de un insostenible compromiso del Estado cuyas subvenciones y ayudas desbordarían su proyecto de ahorro nacional. En un manifiesto enviado a la prensa incluyen esos protestantes una frase, a medio camino entre Keynes y Virgilio, que merece la pena reproducir intacta –“La granada de la ley del mercado ha entrado en el jardín de la cultura”– cuyo dudoso lirismo pone, acaso, el dedo en la llaga, puesto que ‘Sarko’, entre amoríos y amoríos, no ha ocultado nunca su mal concepto de la cultura subvencionada que en la culta Francia, como cabe suponer, alcanza niveles notables. Está, pues, servido de nuevo el debate sobre el antiguo dilema que opone el intervencionismo cultural a la autonomía de la Cultura, sobre el que tanta agua crítica ha llovido en el pasado y sigue cayendo en estos tiempos del cólera, dicho sea por si alguien pudiera pensar que ese pleito es exclusivamente español y actual, siendo como es un viejo motivo de discordia entre dos conceptos irreconciliables, anterior, desde luego, al forcejeo liberal-socialista. En Grecia era el Estado, en efecto, el que pagaba los gastos de una Cultura abierta dirigida a todos (menos a las mujeres y los esclavos, por supuesto), mientras que en Roma esa actividad protectora llegó a convertirse en un instrumento de promoción política de primera magnitud, el evergetismo, con el que competían entre sí los magnates aspirantes al poder. Al pueblo había darle “panem et circenses” y en ambos mercados intervenía el Estado (valga el anacronismo del término) a dos manos con la oligarquía. Paul Veyne tiene un libro insuperable sobre el tema y a él les remito.
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Al margen del propósito ahorrador, la repetida cuestión es si ese Estado debe sostener artificialmente con dinero público la actividad cultural o si la producción de los creadores debe concurrir a un mercado abierto y sometido, como cualquier otro, a la tensión entre oferta y demanda, de tal modo que el éxito sea el único baremo del valor y el consumo sea realmente espontáneo y no asistido. ¿Debe el Poder, en definitiva, mantener esas industrias deficitarias o sería preferible que un cierto ejercicio de darwinismo cultural pusiera a cada cual en su sitio y al público en el de todos? Hay quien dice que no habría cine español sin dinero público y quien sostiene que el cine español no ha salido de su mediocridad precisamente por esa asistencia, salvo cuando ha hecho de la mediocridad su reclamo masivo. Pero sobre todo hay quien plantea si no tendría más sentido concentrar la ayuda en la educación hasta lograr con ella despertar la demanda de cultura, que dispersarla en proyectos justo para paliar el rechazo del público consumidor. Si no se subvenciona al pintor ni al poeta, ¿por qué habría que financiar un cine o un teatro que fracasa en la taquilla? Una pregunta de difícil respuesta, pero que cada día cuenta con más convencidos como Sarkozy de que toda producción debe jugarse los cuartos en un mercado libre, entre otras cosas porque no es imposible que la protección acabe perpetuando la mediocridad, en el mundo de la cultura como en el de cualquier otra actividad. Es posible que estemos asomándonos al ocaso de la visión elitista de de la cultura y del arte, desde la idea de que carece de sentido abarrotar un  teatro regalando entradas. Sólo la educación conduce a la cultura. Ésa parece ser la perspectiva de Sarkozy.

16 Comentarios

  1. Huy, don gm, como lo lean los titiriteros. Usted no sabe donde se está metiendo ni el poder que tienen esos comicos. Que algunos le agradezcamos los cojones que tiene no debe cegarlo. Tenga cuidadito.

  2. (Los acentos están para algo, mi don Campero, auqneu con esta Academia se pueda hacer ya lo que se quiera).

    Comletamente de aceurdo. El Estado debe financiar la educación y la cultura aviárselas como mercado. Otra cosa es que se proteja a las clases menos adineradas con facilidades y rebajas. ¿A que no se han acordado nunca de subvencionar a los pobres para que acudan a la Ópera?

  3. Lleva toda la razón. En España, a pesar de la protección, no salimos de las cutreces de Almodóvar o de la inmundicia de Torrente. ¡Y encima triunfan en taquilla! Para que vean que la quien0el Estado ayuda es a la industria no al arte ni a la cultura. Esto del canon, sin ir más lejos, es un atropello, a no ser que me de derecho a bajarme de internet todo lo que quiera y hacer con ello lo que me de la gana…

  4. En este campo, como en tantos otros, la inmensidad de mi ignorancia es inabarcable. Pero este Hombre utiliza como nadie la doble negación para subrayar verdades rotundas. Hélo: ‘no es imposible que la protección acabe perpetuando la mediocridad’. Clarinete. Y tan perpetuada. ¿Se imaginan a un clon de Almodóvar -este chico tiene tanto ombligo, que si puede clonarse, dollypedro, lo hará- firmando y filmando a travestis masturbándose allá en el 2087?

    “Sólo la educación conduce a la cultura”. Mármol y bronce para esto, x fa. Empezando por la comprensión lectora y gravando con un canon, ahora sí, cien veces superior a los violentos engendros para las consolas que a los libros. Por cierto, ¿no hay una tele, muchas teles, la una, la dos y las de los gobiernillos autonómicos y locales, que nos cuestan un huevo de la cara? Pues ahí que no se permita un anuncio y ofrezcan materiales de calidad y lo suficientmeente atractivos para que quien quiera entrar en la élite cultural -lo de cultura de masas, me suena a ventosidad semilíquida- encuentre acogida en sagrado.

    Confieso que veo cine español siempre que me barrunto algo que no me produzca el vómito. He visto hace unos días ‘Siete mesas de billar francés’. Como soy incapaz de discernir lo bueno de lo malo -sólo distingo lo que me gusta de lo que no me gusta, o me horripila- les puedo decir que pasé un buen rato en la sala oscura, junto a mi pareja mientras hacíamos manitas. Éramos cinco en la minisala. Como no salían zagalones bebiendo y eructando o gañanes de gimnasio e hiperneumáticas haciendo vistosos ejercicios gimnásticos de ñaka-ñaka, ni tampoco superarmas destructoras, ni explosiones superatómicas, ni zombis, ni abducidos, ni viejos barbudísimos con poderes, ni sabios adolescentes megachachis, pudimos ver la peli sin fragor de palomitas masticadas en plan pocilga, ni soportando regüeldos postcocacoleros. Ya eso es mucho.

    Me jodieron, huy, perdón, quiero decir que me molestaron un par de cosas, de muy distinta manera. La uán: que en la presentación, tropecientas teles, que costeamos entre todos garantizaban de antemano con sus leuros, que si lo que íbamos a ver era un pestiño infumable, al personal, plim, que no iban a perder un duro. La chúo: que encendieron las luces y entró el limpiador, mientras mi coleguita y yo misma intentábamos, sin conseguirlo, leer los títulos de crédito, esa larga ristra de director artístico, meritorio de luminotecnia, contable, ayuntamiento de Nosesabedónde, etecé, etecé, que a una le gusta cotillear.

    ¿Cultura gratis? To be or not to be. No soy nadie para descifrar the question. Pero ahí están las teles oficiales repartiendo basura comestible envuelta en celofanes horas y horas. He hecho colas en teatros alternativos donde me he partido de risa y quedaba gente sin poder entrar. También he visto tirar dinero suyo y mío y de todos en exposiciones modelnas con performances que isnultaban a la inteligencia. En todo caso, cultura en manos de quien tenga una somera idea de Eurípides y de don William, de Bretch y de Valle. Y quien quiera comer bellotas y cáscaras de sandía, que vaya a donde abunda. Pero pagando el buffet, todo el buffet, de su talega.

  5. Volvemos por donde vivimos: ¿te acuerdas de la discusión sobre la “cultura ppopular, años 60, Madrid, París, Pau…? Ahora lo simplificas ejemplarmente en esa frase que ya subrayó Bachillera: sólo la educación lleva a la Cultura. Ahora bien, ¿es Cultura Sabina, lo es el cómico más o menos que el escultor? Estas cosas llevan a lo otro que dices: ¿por qué subvencionar a equellos y no a los poetas? Nos estamos haciendo “mayores”, querido.

  6. Maticemos: se subvenciona a unos más que a otros. Conozco grupos teatrales, pintores, nada digo de plumíferos, que no han visto en su vida un denario del erario. Aquí se paga, sobre todo, a los afectos. Y eso es también lo que ocurría en Francia, y por lo que Sarko pretende cortar por lo sano.

  7. ¿sabe sabina medir un endecasílabo? ¿cuando tuvo invitados principescos, dio perica de postre?

  8. De la cruz a la raya, lo suscribo. Nadie subvencionó a Van Gog y miren la que armó, nadie le dio un duro a Modigliani y ya ven. Siempre hubo artistas cortesanos, eso sí, desde Mozart al penúltimo genio. Ahora lo que hay son tiitiriteros gubernamentales.

  9. Tampoco es para extrañarse, una vez sabido que la ley del Cine la hizo Cramen Calvo. En España se subvenciona todo, incluída la “moda”, que ya me dirán por qué hay que darle pasta pública al sr. Prada o a…, bueno, vamos a dejarlo, que éste es mal sitio para poner la era.

  10. No confundir el mecenazgo (evergetismo, suele decir el jefe, con su rigor clásicista) con la contribución política. Fidias,. Miguel Ángel, Velázquez… se acogieron bajo reales o republicanos mantos para producir sus obras maestras. Nada tiene eso que ver con estas “derramas” (lo del canon es definitivo) para lograr adhesiones partidistas.

  11. Claro que se subvencionaba a los periódicos, Sociata, pero eso era en el antiguo régimen no en éste. En éste sencillamente se compran.

  12. Sociata
    eres corto de verbo y de intelecto. Tus frases son la excusa formal (producto de tu inconsciente) de tu labor de sicario vigilante de un foro libre.
    Das pena. NO entres mas pobre desgraciado.

  13. No sé, las cosas hay que mirarlas con atención.
    Si miramos hacia el pasado nos damos cuenta de que muchas obras de arte no habrían existido si un poderoso, un rey, una casa real,o una casta alta no hubiera protejido a sus autores. Luis XIV protegió a Molière, los Borjas, los Farnèsios, los Sforzas, los Medicis protegieron a pintores y escultores, a poetas , orfebres. Lo mismo pasa con Francisco primero: bajo su reinado se afirman toda una pleyade de autores, y de artistas. En tiempos pasados lo primordial era que hubiera la voluntad.Una élite, o a veces un hombre sólo imponía su criterio, y utilizaba, de manera deliberada o no, el arte para aumentar su poder.
    Hoy en día , si alguien pudiera hacer lo mismo de forma tan abierta se pondría el grito en el cielo.
    De todas formas la sociedad actual no se presta al mismo análisis.Ya no decide un sólo hombre. Es más un consenso, lo que gusta es menos nuevo y original pues tiene que gustar a muchos. LO realmente original desconcierta, molesta y hay que tener un gusto seguro y ser abierto para saber ayudar a un artista realmente de primer plano y no a un charlatán farolero.
    El Sr Prof dice “No confundir el mecenazgo con la contribución política.” No sé qué decirles. A creo que siempre andan ligados….pero tambien puede que me equivoque.
    Buenas noches a todos.

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