Se puede estar de acuerdo con Arenas cuando reprocha a la Junta la dureza con que anda tratando al Ayuntamiento marbellí desde que fracasó su opción partidista y gobiernan los de enfrente. Mucho menos cabe aceptar que recuerde sólo la benignidad de la Junta con el gilismo teniendo en cuenta que el PP no fue ajeno a esa estrategia cuando y mientras le convino. ¿O no nos acordamos ya de que a Gil le entregó el PP la Mancomunidad de la comarca cuando todavía cabía mantener políticamente con aquel personaje tratos y contratos? Puestos a reprochar tolerancias y componendas en Marbella ninguno de los dos grandes partidos saldría ileso de la bronca aunque, ciertamente, la responsabilidad de la Junta del PSOE haya sido tan grave que la propia Justicia ha visto a la institución como beneficiaria del negocio sucio. Las culpas andan repartidas en esa timba histórica en la que, seguramente, lo más cuerdo para esos partidos sería no remover el pasado.

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