Al enterarme de que un tribunal de Buenos Aires ha anulado los indultos concedidos por el presidente Menem en los años 90 y 91 no he podido evitar el recuerdo de aquellas extendidas complicidades que por entonces se impusieron en la Argentina moralmente devastada por la gestión de Alfonsín. Ignoro qué dirán ahora –¡ha visto uno desdecirse a tanta gente!– pero la verdad es que en aquel momento una extensa mayoría de la opinión progresista hacía causa común con la exigencia de los partidarios de la dictadura pidiendo un perdón y reclamando un olvido que Menem manejaba como panacea contra la desunión del país. No se trataba, por supuesto, de oponerse a la reapertura gratuita de las cicatrices añejas –como está ocurriendo aquí esta temporada con la pretendida recuperación de la “memoria histórica”– sino de cerrar en falso un proceso que, incluso un tribunal tan condicionado como el que había condenado a aquellos criminales, había tenido que saldar con unas condenas proporcionadas a la enormidad de los crímenes perpetrados desde el propio Poder. Y en ese proceso, hay que repetirlo, estuvieron no sólo quienes era lógico que estuvieran –por la cuenta que les traía o por simple vesania– sino una buena parte de quienes, en la vida cultural especialmente, representaban la esperanza en una justicia democrática siquiera tardía y, por descontado, no poco aliviada. Esa canalla que se pavoneaba ante el comulgatorio o paseaba sin escolta por el barrio no estaba sola –como comprobamos entonces muchos visitantes del país– sino apoyada sin ambages por el tácito acuerdo de la progresía y el menemismo, uno de los contubernios más indecentes del siglo que se fue. Lo de menos es si ahora irán al trullo esos dos octogenarios que son Videla y el “negro” Massera, pues a pocos se les ocultará que lo que ese tribunal ha dictado lo ha hecho pensando en el fuero más que en el huevo. Pero aunque acabaran yendo. Lo que hoy sabemos de aquel martirio inconcebible nos permite proclamar que no habría castigo proporcionado a una infamia semejante.
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Tampoco hay que olvidar que esta tardía reacción de los jueces argentinos debe mucho, sin la menor duda, al peligro que suponían las acciones judiciales iniciadas desde España y Alemania, entre otros países, en base a un derecho internacional ante el que los crímenes perpetrados no prescriben. Así que igual hay que pensar que no es que haya cambiado de opinión la ‘inteligentsia’ argentina sino que el Poder –que en última instancia barre siempre para adentro– ha debido protegerse adelantándose a juzgar en su propio territorio al menos los delitos de lesa humanidad. Argentina, en definitiva, es un ejemplo más y bien elocuente de esa protección espontánea que el Poder brinda a cualquiera que lo haya ostentado (o, incluso, detentado) seguramente porque la lógica del refrán, “hoy por ti, mañana por mí”, es anterior a cualquier pretensión ética y no digamos jurídica. Massera, ese verdugo de leyenda, es hoy un vegetal hospitalario, y Videla un carcamal que, seguramente, tampoco habrá de cumplir la condena a perpetuidad que ahora recobra toda su vigencia. La Justicia sabe lo que hace, sobre todo cuando va del brazo de la política, y más que nada sabe “cómo” hacerlo para dejar tras de sí, encima, una sensación de solvencia moral que ofende tanto como los crímenes disimulados. Pero en esta ocasión, hay que insistir en ello, no están solos ni el mandatario ni el juez, como no lo estuvieron hace quince años, sino bien acompañados de esos cómplices redomados a los que acaso les quepa, en última instancia, la atenuante del miedo, que es libre o eso dicen. Heródoto escribió que abunda la gente que prefiere la “justa medida” a la justicia estricta. Vean la antigüedad de algunos tópicos y de qué bizarra manera se conservan en la salmuera de la jodida buena conciencia.

4 Comentarios

  1. Este pastor que nos guía nos narra hoy la parábola del turco y la pantera rosa. Más sus numerosos adláteres, claro. A ti te lo digo Juan, para que se entere Pedro. Que si los delitos tales no prescriben nunca, que si el derecho internacional y todas esas menudencias que una monja algo simplona con dificultad alcanza a comprender. Pero se me barrunta a mí que algo va tangente o secante, que una se quedó en segundo del bachiller antiguo, con leyecitas de pitiminí que cuatro cabecitas locas de hoy, bien en recuerdo del abuelito militar o bien porque el medicucho reciclado en Cuba está anclado en el padrecito Fidel y su libertad sin fronteras, nos están metiendo en el cuerpo como lavativas a presión, y perdonen por señalar anatomías ocultas.

    ¿Es que con la recuperación de los delitos de hace setenta años van a empitonar al viejo Cárrigan, el amiguito de Ceaucescu, ahora que recuperó apacible vejez en el redil que abandonó por los entonces? ¿Dónde aquel espíritu de conciliación, no necesariamente de olvido, que alumbró como un cometa en los cielos maltratados? ¿Se olvidan de que quince años después del día de la victoria, el viejo Ike abrió portillo para que Expaña fuera siendo considerada parte del occidente? Sí que hubo un Grimau y un Salvador, y como colofón de un reinado absolutista sin rey, don Francisco se despidió de este mundo apiolando a cinco, pero llover, llover, lo que se dice llover, había escampado mucho antes.

    ¿Va la memoria histórica esa a despejar la incógnita del señor X/Pte./Pendiente ¡y tan pendiente! y sus secuaces, punta de cabestros que secuestró y asesinó, expolió y se lucró, no cuando mi abuelito era recluta sino cuando a una servidora ya le azuleaba la barba desde muchos años antes? Aquella tropa que decía lo de ‘vamos a llevarnos bien… lo que haya que llevarse’ que le plagio a mi don Pacorrobles. El Jefe nombra a Heródoto, pero García de Cortázar también sabe lo suyo, o el Juaristi, mismo mi don Savater, que son fuentes vivas –hasta ahora, toco madera- más cientos de miles que ya no nos dejamos engañar con chupachús de pega.

    (He abandonado el conventículo, aprovechando que la madre abadesa me había aflojado una mijita los grilletes y he vuelto al beaterio que nunca debí abandonar. Mi don Elitróforo ya advirtió ayer de que el blog tenía un nivel y que cuidadín con incrustar la gamba. Vuelta hoy a mi rinconcito tan añorado, le suplico al bienamado ortóptero, junto a los demás asiduos del casinillo que sepan disculpar las majaronerías que se le escapan a veces a esta pardela senil que tanto os quiere).

  2. Pués hoy, sinceramente, me he enterado de que “Buenos Aires ha anulado los indultos concedidos en los años 90 y 91” y poco más.Hay inumerables indirectas que no he cogido, gente a la cual no conozcoy situaciones que se me escapan, aunque así, veo en que dirección apunta.
    De mi doña Epi del alma peor aun, aunque como de costumbre me deleita su prosa. Lo que me escama es que no haya ni una parabra de la France.¡Eh, qué estamos aquí!
    Besos a mi monja preferida, naturalmente

  3. 02:08
    ¿Yo dije eso, Hermana? No me leyó bien. Me refería al listón que había dejado, hoy retomado con vigor, la ilustre antecesora de Sor Bisagrilla.
    Cierto es que lo había pensado, pero el listón general no llega a tanto por el lastre de don M. don Zumbao, don Sociata y yo mismo.
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    Recuerden que además de los indultos que aquí hubo, Gerald Ford indultó a R. Nixon nada más sucederle, que Aznar prometió no mirar debajo de las alfombras, generosidad no correspondida por su sucesor, y creo, pero no estoy seguro, que también indultó a algunos penados del llamado partido socialista.
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    Para doña Sicard: Acabo de llegar de la feria del queso en Trujillo y le aseguro que sólo en Extremadura hay más variedades de quesos que en toda La France.

    Sobre las elecciones en La France, ya sabe que tradicionalmente los candidatos apoyados por ZP siempre pierden. Ya verá mañana. ¡¡Que vote Vd. bien!!

  4. Tendrá que disculparme, mi doña Marta. Cierto que he empleado un argot excesivamente de Pirineo abajo. Pero usted seguro que bien sabe que el Turco es Menem y que la pantera rosa es el nefasto Videla.

    Aquí, Cárrigan es SCarrillo -PCE en el recuerdo- el villano que ha cambiado de vientos y rumbos –convicciones parece ser que nunca tuvo- cada vez que le ha ido conviniendo, aunque es cierto que nos engañó a muchos pero durante no mucho tiempo. Su amigo Ceaucescu lo invitaba a techo, casa y mantel durante veranos y él ‘no veía’ que hubiera nada que lamentar en aquel moridero. El medicucho de que hablo es el coordinador de la actual Izquierda Unida, un tipo gris y servilón que lidera, ji, ji, Izquierda Unida, hoy un apéndice de la rosa socialista, donde se incluyen –y se maltratan- las que un día fueron venerables siglas del PCE.

    GCortázar es un historiador políticamente incorrecto, al menos para la media Expaña que come de la sopa boba, la que repartían a la puerta trasera de los conventos y cuarteles: las sobras, pero que aquí la toman unos que liban las mejores añadas de vinos franceses. Juaristi y Savater son vascoespañoles, lo que para muchos vascos es ser unos presuntos condenados a un tiro en la nuca.

    Me gustaría que le hubieran servido de algo estas aclaraciones y le pido disculpas por el excesivo localismo de mi parrafillo anterior.

    Yo también le envío un beso fraternal.

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