Mira que nos gastamos dinero en promocionar incluso lo que no necesita promoción, y echamos por la ventana de la Junta dinerales en propaganda a favor de nuestros productos. Bueno, pues a ver cómo se explica que nadie advierta operaciones mayores como ésa de colocar en Barcelona 76.000 litros de un “aceite virgen extra de oliva” más falso que Judas, como hecho base de girasol con sus conservantes y colorantes, y que han debido deshacer los “mozos de escuadra”. Algo huele mal en el negocio puesto que, por lo que parece, el propio Consejo Regulador local le había negado a la empresa de Baena autora del estropicio la pertinente inscripción, una razón más para que la consejería averigüe lo que proceda y ponga en claro cómo es posible que se perpetren estos auténticos ataques a nuestros productos en los mercados más delicados. Baena no es Nueva York, y por eso lo suyo sería que este asunto se pusiera en enteramente claro además de tomarse las medidas precisas para que otros similares no se produzcan.

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