Una concejal tránsfuga de Gibraleón se nos aparece revestida de apoderada de una de las empresas ligadas al macroproyecto de El Granado que el mismísimo secretario provincial del PSOE onubense ha creído oportuno paralizar en vista de tantas irregularidades. ¿Y cómo no conocía esa circunstancia el paralizador, tratándose de una colaboradora tan obediente y próxima? El alcalde de Nerva, por su lado, se ha contratado como quien no quiere la cosa con el grupo empresarial al que venderá terrenos, por lo visto, a precio de saldo. Que no, que esto no tiene fin, y no lo tiene porque a ver quién es el espíritu puro que tira la primera piedra, porque el cúmulo de enredos urbanísticos demuestra que aquí el personal va por libre y los partidos también, cada cual desde su parcela de poder. ¿Cómo pedirle probidad y decencia a una ciudadanía abrumada por este mal ejemplo de la clase política? Casos tan desconcertantes como los referidos demuestran que la culpa no está sólo en la base sino en las alturas.

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