Es inevitable detenerse ante ese catafalco aunque lo que le pide a uno el cuerpo es pasar de largo: ya hay bastantes glosadores de la efemérides desgañitándose por tierra, mar y aire. Hasta los que saludaron como una heroicidad la alta traición de Pinochet, que los hubo y en portada, se rasgan desde ayer las vestiduras: así es la vida. Unos reclamando venganza frente a la impunidad, otros, los menos, sugiriendo tímidamente el perdón o el olvido. En el mismo Chile, en las calles de Santiago ensangrentadas, como decía la canción, grupos de manifestantes se lanzan a la cara sus odios respectivos rodeados de la práctica unanimidad planetaria: el que se ha ido era un traidor, un asesino y un ladrón, las tres cosas. Lo que no quiere decir que sea el último ni el primero, por descontado. Hay así de “patriotas”, así de “salvadores” de la patria que han fallecido en su lecho, tan tranquilitos, mientras herederos y albaceas trajinaban con claves y cuentas secretas. La viuda de Mobutu anda por ahí lamentando el embargo de “su” fortuna, la de Marcos se lamenta con las zapateritas de lo que perdió con el cambio, un profeta loco va por Marruecos predicando el latrocinio real y reclamando la fortuna alauíta para los pobres del reino, imagínense. Craxi guardaba sus mangancias socialdemócratas en Suiza y en lingotes de oro, como aseguran que Pinochet guarda en China las suyas, una vez confiscados en Suiza los millones de dólares que había afanado en dinero contante y sonante. La patria es oro para algunos patriotas y el patriotismo –como dijera el sabio Samuel Jonhon– el último refugio de los canallas. A la vista está. Pero ahora el tema ni siquiera es la impunidad ante el latrocinio sino la injusticia que supone la impunidad de un criminal de esa envergadura. ¿Ojo por ojo? No hace falta estar con el Eclesiastés, ese pozo de sabiduría, para esperar alguna fórmula mínimamente equitativa. Ni hace falta calarse el gorro frigio para proclamar que es un escándalo que el gran traidor, gran asesino y gran ladrón se haya ido de rositas, pero esa frustración es vieja como el hombre. Pavese decía que vengarse del mal recibido supone privarse del confort moral que supone gritarle a la injusticia. Ya ven quien no se conforma es porque no quiere.
                                                                    xxxxx
Y una vez más los hechos conducen al peligroso cuestionamiento del galantismo democrático. ¿Es lógico, es bueno que el presunto delincuente disfrute de tan tupida malla protectora, es razonable que la Justicia haya de dilucidarse, como la palea con el minotauro, en el vericueto de un laberinto de palabras? Pues miren, por mucho que nos joda, hay que decir que sí o estaríamos perdidos, al menos los demócratas, es decir, quienes fiamos en exclusiva al imperio de la Ley el equilibrio de un orden justo. Sí, ya sé, por supuesto,  Pinochet torturaba sin problemas y mandaba fusilar sin entretenerse en procedimiento alguno, sus sicarios no eran ‘manguitos’ sino gansters respaldados por el Estado. ¿Y qué? No se puede hacer Justicia desde la injusticia como no se puede pintar un cuadro por el revés. Lo que para nada significa que la impunidad final de Pinochet no debiera sensibilizar a los pueblos libres de manera que optimizaran el sistema de justicia internacional, algo impensable habida cuenta de que para condenar a Pinochet en ese estrado habría que sentar junto a él en el banquillo al propio Kissinger y a tantos otros. La historia política (así se llamaba en los viejos planes de estudio) es una interminable crónica de injusticia, de cuentas pendientes, de facturas por pagar. A pesar de lo cual nadie ha hallado aún la fórmula para evitarlo sin agravar las consecuencias. ¡Claro que el cuerpo pide a veces aquello de los ocho tiros en la barriga! Pero cuando oigo lamentarse a alguien de que Franco muriera en su cama suelo decir que menos mal. No quiero pensar en circunstancias más deleitables, francamente. Si algo cierto es que la muerte todo lo iguala. En España no se acuerda ni Dios de dónde está la tumba de Franco.

12 Comentarios

  1. “Perdonen que no me levante”, dicen que reza el epitafio de Marx, Groucho, of course. Perdonen que no entre en el asunto Pinocho. Simplemente quiero dejar aquí mi deseo de que para su memoria, ahora recién muertito, la justicia -lo iba a poner con mayús., pero mejor lo dejo- concluya su expediente. Si fue ladrón, que parece que sí, que se reembolse lo máximo a quien corresponda; si fue reo de traición, la historia lo juzgará; si fue criminal, que no se cierre el expediente. Punto.

    Ayer me chupé siete horas de volante. Intercalando con mis musiquillas, escuchaba algo de radio. En alguna de ellas, el lerel-le de Vera, Ibarra y sus despachos y telefonitos era machaconamente repetido. En otras, ¿adivinan cuáles?, no se decía ni mu. Ni tanto ni tan de ello. Me temo que el 11M es una flor podrida. También creo que los miserables que la cortaron no se la van a poder quitar del ojal en mucho tiempo.

  2. Lamneot etos silencios en días en que, como hoyu, me consta que ja no anda sobrado, a vueltas con sus arreglos sanitarios. Los tomo como una cierta descortesía de todps pata con él.

  3. 21:59
    No es para tanto, Sr. saint germain, hay veces que la columna no sugiere mucho y otras que todo está dicho ya y no queda más que repetir o machacar y otras más que el ajetreo diario o lo que sea no ha dejado sitio para este pequeño y apreciado recreo. De todas formas, aunque sea fortuito, Vd. solo ha colgado cinco comentarios aunque no ha dicho nada.

    Por mi parte, creo que hay poco que añadir. De todas formas quiero apostillar:
    “habría que sentar junto a él en el banquillo al propio Kissinger”, por cierto, premio Nobel de la Paz. Cosas…

  4. Señor Saint Germain, son las once menos veinte y he salido de mi casa a las 7 de la mañana. Mi primera ocup

  5. Señor Saint Germain, son las once menos veinte y he salido de mi casa a las 7 de la mañana. Mi primera ocup

  6. Señor Saint Germain, son las once menos veinte y he salido de mi casa a las 7 de la mañana. Mi primera ocup

  7. Señor Saint Germain, son las once menos veinte y he salido de mi casa a las 7 de la mañana. Mi primera ocupación es encender el artilugio yleer à Don José Antonio. ¿Le parece poca cortesía,o poco interes los míos?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.