Supongo que habrán leído ustedes hablar del caso del gurú Prahlad Jani, conocido por su parroquia como Mataji, ese auténtico “cuerpo glorioso” que parece haber superado la necesidad de alimentarse que, junto con la reproducción, se considera el atributo elemental del ser vivo. Mataji sostiene que si no come ni bebe –y, en consecuencia, tampoco orina ni defeca—es simplemente porque en un día de su infancia la diosa le tocó la lengua eximiéndole de esa grave servidumbre de la especie y, contra toda lógica, permitirle una vida longeva mantenido a base de la energía natural captada en sus meditaciones. Esta singularidad hindú que los gimnosofistas le mostraron a Alejandro, se ha convertido en una imagen tópica que refleja mejor que nada la idea exótica que en Occidente mantenemos de esa vieja cultura que, como quien no quiere la cosa, por cierto, se está encaramando a los pódiums económicos mundiales a un ritmo escalofriante justo por su fantástica apropiación de las nuevas tecnologías. Pero el caso de Mataji preocupa, quizá por esa misma razón, a la autoridad local que, a través de la más alta institución científica del Gobierno, ha tomado cartas en el asunto controlando durante medio mes al ayunador mediante grabaciones y observación ininterrupida, con un fabuloso resultado: ni una gota de agua, ni un mordisco de pan, ni una visita al mingitorio. Van a hacerle pruebas suplementarias al santón, pero no sin echar por delante el estupor de los sabios, deslumbrados por ese prodigio metabólico que ni tiene precedentes ni menos, si cabe, explicación fisiológica. Nadie cree en la virtud del yogui pero todos han de reconocer que no pueden negársela. Occidente frente a India adopta siempre el gesto de Alejandro.

 

La misma gente que de crédito a la prodigiosa proeza de Mataji sospecha por sistema cuando en nuestro ámbito se produce alguna exhibición de continencia a pesar de que haya habido algunas huelgas de hambre reales y hasta con resultado de muerte, lo que pone de relieve hasta qué punto nuestra opinión está supeditada a prejuicios que van incluso más allá de prueba. Oriente conserva el nimbo de lo portentoso en esa variante característica que es la renuncia a la naturaleza, pero nos cuesta creer que a este lado del planeta el mismo milagro sea posible. Creemos de entrada en Mataji, nunca en De Juana y, ciertamente, la experiencia parece empeñada en darle la razón a nuestras cautelas, por más que subsista la aporía ante nuestros ojos. Nos cuenta Calístenes que un brahmán de aquellos le explicó a Alejandro que la tierra que engendra al sabio es la que lo nutre. Hay leyendas afortunadas contra las que poco puede la razón.

9 Comentarios

  1. “Hay leyendas afortunadas contra las que poco puede la razón”. A mi entender, magnífica y acertada expresión.

    Hoy, cuando se empieza a conocer algo del funcionamiento del cerebro humano, cada vez resulta más claro que la inteligencia racional es fundamentalmente instrumental, sirviendo para depurar las creencias, pero no para eliminarlas: siempre se cree en algo (incluso se puede creer en que no se cree) y la verdad científica no existe más que como creencia. Lo que no quita a la ciencia en absoluto su grandeza. Poco a poco confío en que vayamos dejando de ser racionalistas (creyentes de la razón) para convertirnos en algo más útil: racionales (analizadores de la creencia previa).

    Mi enhorabuena por la columna.

  2. Elegante ejemplo, el del indio frugal, casi un tópico de su legendaria cultura. ¿Qué tendrán contra la nutrición esas espiritualidades? Por hablar d elo más cercano, nótese que el Cristo de los Evangelios pide de comer muchas veces a sus discípulos, incluso tras su Resurrección, cuando le dan el pescado famoso. Otras culturas cifran la pureza en el ayuno (la nuestra también, cuidado, al menos hasta hace poco) pero nunca he entendido la razón que puedan tener para ello.

  3. Tiene que admitir que los indios son unos magos montando ese circo. Los occidentales no comprendemos su mentalidad y mucho menos que se hayan convertido en una potencia en njeuvas tecnologías, sobre todo en el desarrollo de Internet. El mundo debe prepararse para un cambiod e hegemonía: de Occidente a Oriente. Y esto que jagm conmenta hoy es una anécdota interesante de esa mentalidad penetrante que ya los coloniales ingleses advirtieron en su época.

  4. Yo es que por mi parte no me creo nunca estas historias. Todo me huele a circo, a espectáculo. ¿Ustedes no han visto nunca a un porestidigitador hacer cosas incompresnibles? Me parece que esta de los ayunos va de lo mismo.

  5. Pues que yo tampoco me lo creo. Sorry.

    Pleno al quince de don Genaro: creer que no se cree.

    Metiéndome en el fango: a un empresario le deben unos ayuntamientos andaluces (todos de la pezoe, uno del pa, ja, ja) 600.000 euracos. 100 kilos de. Hoy comienza huelga de hambre. Le proponen un aplazamiento de la deuda a 15 años. 85 más y todos calvos. jo, jo

  6. No sean tan drásticos, señores, que la Indi tiene sus misterios. El diálogo de Alejandro con los gimnosofistas citado por jagm –al menos tal como lo cuenta Plutarco– ya merecería nuestra atención, con aquellas respuestas de los sabios desnudos al impertinente jovencito vitorioso. No dudo de que hay mucha leyenda en todo esto.

  7. Lo bonito es comprobar el papanatismo con que, tanto en Occidente como een su propio mundo, se consumen estas leyendas que simbolizan, como se ha dicho, la espiritualidad son la anulación del cuerpo, como si de ésta se derivara alguna virtud objetiva. Creo que eso es lo que ja ha querido trasladar en su columna, en la que a mí también me ha hecho tilín la escena de los brahmanes y el emperador.

  8. Me encanta la afirmación de don Chic, según la cual “la verdad científica no existe más que como creencia”.
    Contestando a mi tocaya diría que yo sí me creo todos esos “milagros”, es decir eventos que,según los conocimientos actuales de la ciencia, no tienen explicación racional, pues considero que el espiritú tiene mucho más fuerza que la carne, o como dice tan lindamente don José António, el cuerpo glorioso . Este gurú teologicamente , es un milagro andante porque es signo y es prodigio. Desde luego no le envidio su suerte, porque comer y beber son dos placeres de la existencia de los cuales, por lo visto, él no tiene ni idea.
    Divertida columna. gracias , don José Antonio , porque con los días que llevamos , es lo que necesitamos.
    Un beso a todos.

  9. Pues yo no creo ni en Mataji ni en De Juana, y de verdad celebro que la diosa no haya tocado mi boca ni en sueños.

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