¿Lleva alguno de ustedes, señores lectores, la cuenta de los alcaldes y concejales imputados y aún condenados por corrupción a lo largo de la crónica democrática? Resulta altamente improbable que así sea, pero, en todo caso, en  el magín  popular debe revolverse un centón de vagos recuerdos de escándalos municipales. En Granada, a un alcalde investigado por corrupción urbanística le ha sucedido otro al que el juez imputa delitos varios –incluido el de malversación de fondos públicos—relacionados con los dichosos cursos de Formación y las consabidas adjudicaciones arbitrarias. ¿Cómo pedirle a los peatones que confíen en sus barandas si los ven desfilar, uno tras otros, en el paseíllo procesal? Esta democracia está podrida de la cabeza a los pies, sin perjuicio de los políticos honrados, que los hay. Si quieren la lista que los implica desde el propio Gobierno a la última pedanía no tienen más que pedirla.

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