¡Pues no que dice la Junta que “no desistirá” de cobrarle a Boliden, la multinacional sueca que, como antes hiciera en otros lugares, se cargó aquí un paisaje y a punto estuvo de cargarse el parque nacional de Doñaña! Hace falta tener rostro para tirarse ese farol después de que hayamos visto, durante años, la habilidad con que la primera institución autonómica –de acuerdo siempre con los Gobiernos de Madrid– se ha quitado de encima ese muerto político que a duras penas le hubiera cabido en el armario. Boliden levantó el vuelo como lo levanta la bandada de tordos tras saquear el olivar y hace años, seguramente, que dio por zanjado un enredo para salir del cual la pasividad o indiferencia de la autoridad española fue decisiva. Es un cuento que, a estas alturas, alguien espere cobrarle esa factura a Boliden, un puro camelo electoralista, pero hay que reconocer que de los más descarados que se le recuerdan — ya es difícil eso mismo– a esta Junta –ahí está en plena actualidad el caso Delphi– implacable con los de abajo pero sumisa con los de arriba. 

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