Los jardineros de Hayd Park han reformado la traza del parque a su entrada por Kensington con el fin de dedicar un delicioso paseo –rodeado de parterres con anémonas y violetas por el compiten indiferentes los grajos y las ardillas– a la Princess of Wales, este es, a Lady Di, no lejos del palacio de sus duelos y quebrantos, pero también, al parecer, de sus aventuras. Llaman la atención los letreros, las placas memoriosas, las fuentes votivas con que la memoria sentimental de ese pueblo flemático pretende mantener vivo el recuerdo de de aquella víctima que logró ser amiga de Teresa de Calcuta sin dejar de lado sus explicables amoríos adulterinos, pero es que los pueblos no construyen su imaginario apoyándose en la razón sino empinados sobre esa forma superior de la fantasía que es la invención del héroe. Por eso quizá ha conmocionado tanto la anunciada novela en la que el ex -presidente Giscard d’Estaing cuenta la historia, prácticamente virtual, de una pasión vivida entre un mandatario francés y una princesa británica que, por los adelantos conocidos, no puede ser otra que la desdichada Princesa de Gales, en la novela, Princesa de Cardiff, es decir de la capital de Gales. Giscard ha sufrido tres bastinazos de mayor cuantía en su vida de prócer: el lío ratero de los diamantes de Bokassa, el fracaso de su Estatuto europeo y el ridículo literario que supuso su novela “Le Passage”, de la que la crítica hizo añicos. Y ahora se propone dar –Dios nos libre de una mala vejez—el mayor de todos, tal vez, incorporándose al indecente plató de las salsas rosas con el cuento del envergue de unos amores secretos entre él y la divina, ahora que ni ella está aquí para desmentirlo ni es probable que nadie se la juegue saliendo en su defensa. Lo de Lady Di es ante todo, sin duda, un mito contemporáneo, de esos que no erosiona ni la propia evidencia. Lo de Giscard una simple osadía presenil. No sé qué será peor entre las dos cosas.

Y ya están ahí los efectos que, en forma de preguntas, trasluce la crítica. “Y si fuera verdad” –se pregunta la gran prensa europea—, para plantear enseguida hasta dónde es legítimo que un autor juegue con el artificio que mezcla fantasía y realidad. Desde luego que no leeré ese decameroncillo cursi cuando salga al mercado. Me basta su resumen y las perlas de él extraídas para escupir por el colmillo sobre esa ocurrencia tan impropia de un prócer que acaso acabe interesando a las porteras. ¡El autor de la Constitución Europea placeando como un alcahuete más en el corro comadrón! No me extraña el fracaso de aquel bodrio escrito con la misma pluma que ahora donjuanea, no poco inverosímilmente, sobre esta versión revisada del mito de Susana y los viejos.

13 Comentarios

  1. ¡Es el farol más ridículo que he visto en mi vida! Siendo verdad que la Lady era ligera de ingle (y hacía muy bien, tal como pintaban las cosas) no habrá quien se crea el “cuento del envergue” (jagm) de ese vejestorio calvorota y blando que era ya Giscard cuando se relacionaba con la Divina. Bonito artículo, justamente duro con el imbécil desaprensivo q

  2. … buenbo, ya saben, que trata de apuntarse ahora un tanto que no se cree nadie. La prensa inglesa ha sido unánime con lo del “cuento del envergue”, expresión, insisto, que me ha parecido soberbia. Con perdón de melindrosos.

    (Es mi primera intervención pero prociraré aparecer más por este simpático rincón libre).

  3. Giscard es un narciso miserable. Si hubo algo, que lo dudo, por revelarlo ahora; si no lo hibo, que es lo suyo, por asqueroso farolero. En cuanto a la Princesa “divina” de que habla el jefe en esa evocación y entre parterres, ¡vaya pendón! Qué quieren: ahí tienen el blog abierto quienes lo vean de otra manera.

  4. ¿Por qué no creer esa Historia si la señorita en cuestión disparaba sobre todo lo que se movía? Vale que las diferencias son grandes y que los amoríos extramatrimoniales (justificados, vale) de la mosquita muerta (cuando vivía) permiten pensar en cualquier aventura. Pero de ahí a admitir que llegara a enamorarse o lo que fuera de ese calvorota corrupto va un abismo. Este asunto merece el sarcasmo más que otra cosa. Ya que no está Teresa de Calcuta para salir en defensa de la aludida…

  5. La historia que cuenta hoy ja me ha parecido lamentable, realmente desoladora. Un hombre que ha tenido ese nivel de responsabilidad no puede eprmitirse el lujo narcisista (¿donjuanista a secas?) de salir contando una aventura con una famosa difunta, no ya por caballerosidad sino por un elemental sentido del decoro. He mirado la prensa inglesa y, en efecto, se andan choteando de él. Por cierto, Nemo y oriana, q

  6. La historia que cuenta hoy ja me ha parecido lamentable, realmente desoladora. Un hombre que ha tenido ese nivel de responsabilidad no puede eprmitirse el lujo narcisista (¿donjuanista a secas?) de salir contando una aventura con una famosa difunta, no ya por caballerosidad sino por un elemental sentido del decoro. He mirado la prensa inglesa y, en efecto, se andan choteando de él. Por cierto, Nemo y oriana, que tienen vuesas mercedes contra los “calvorotas”?

  7. La columna de hoy divertidísima. Desgraciadamente ya saben que en mi tierra años ha que “le ridicule ne tue plus”. Qué falta de buen gusto, qué ridiculez , por Dios!

    Besos a todos.

  8. También de sueños vive el hombre, incluso el prohombre. No tiene desperdicio la ocurrencia del caballero, todo un Presidente haciendo el ridículo o bien quedando como un cochero ante una opinión entre indignada y divertida. La vanidad no tiene límites y cuando es elaborada íntimamente, cuando cuaja entre los materiales psíquicos que entretienen los sueños, puede dar de sí esperpentos como éste. Me ha gustado mucho eso de los tres “bastinazos” de Giscard que enumera jagm. Realmente ese hom,bre debe de haber perdido la cabeza.

  9. No sé por qué se toman tan en serio el caso, pudiendo reírse a modo con sólo pensar en la cabeza de huevo de ese idiota “raffiné” que hsta tiene su castillo como Dios manda. Desde luego, lo único verosímil en el cuento del envergue (apúntese otro 9, jefe) es que la desdichada dama de la carita melancólica sabía buscarse los amantes con posibles, excepción hecha de algún apuesto militar de ocasión. Giscard, un memo memorable. Ella, pobre nuestra, una desgraciada como tantas que ha tenido el privilegio de hacerse perdonar todo lo que ha querido.

  10. Yo creía que la demencia senil incapacitaba para la escritura, aunque también puede ser un ramalazo de esquizofrenia, que afecta a más gente de lo que parece.

  11. Seamos razonables. Don Valerio debió nacer unos cuarenta años antes que la dichosa pibita. Si ella tenía veintialgunos, o bastantes, y entonces no se comercializaba la Viagra, ya me dirán. Alors? ¿Polvos de cabeza de tortuga y de cuernos de rinoceronte, testículos condimentados de macaco, hueso de pene de tigre machacado? ¿O sin más, cantárida seca y triturada disuelta en caldos bordelés? Jugándose el tipo, pues la dosis terapeútica se aproxima demasiado a la letal… Juas, juas, qué risa, tíaluisa.

    ¿Para cuándo podré convertirme en juez de un segundo Nuremberg y venga, hala, delante de mí valerios y barbones, albertos, fabricantes y traficantes de armas y demás zánganos y parásitos de la humanidad, de seis en fondo, que vamos de paseo, pi,pi, pi, pi, fsshh, fissshhhhhh (napalm puro de oliva a granel).

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