Cuando llegue septiembre no todo será maravilloso, como decía la vieja canción, ni mucho menos, al paso que va la burra de la crisis que no existía pero que vaya si existe. Habrán subido las hipotecas, eso es seguro, habrá más parado (a razón de más de quinientos al día, más precarios en la cuerda floja o amenazados por la rebaja sustancial de emolumentos, más empresas fuera de juego y más con el agua al cuello. Y quietos donde estábamos, marchando sobre el propio terreno, sin que el gobiernillo regional –desde ahora en la tumbona y bajo la sombrilla—se moleste en cavilar hasta dar con alguna medida razonable, en lugar de esperar de brazos cruzados a que alguien nos resuelva desde lejos el zambombazo que tenemos encima. Todas las crisis son malas, pero, las hay mejores y peores en función de lo que hagan sus gestores.

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