Los partidos de la izquierda andaluza están comprobando lo deteriorada que anda la relación que sus “cuadros” mantienen con sus “bases”. La propia presidenta Díaz no se ha atrevido a comparecer en algún acto ante el riesgo de que se repitieran broncas y protestas, al tiempo que su socio, Maíllo, no se tienta la ropa para calificar de “parafascistas” a los parado de Delphi –esos grandes estafados—que irrumpieron en un mitin con intención de reventarlo, y Cayo Lara dice de ellos que “sin saberlo, se han convertido en aliados del capital”. Malos síntomas, sin duda, que deberían hacer pensar a esa Izquierda cuál es la situación real fuera de sus despachos.

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