La Junta quiere cuadrar el círculo administrativo invirtiendo un principio clásico de la Administración: la inamovilidad del funcionariado. Aquel invento decimonónico supuso un freno a la arbitrariedad partidista –que, en su era, hizo célebre la tragicomedia de los “cesantes”– en la medida en que permitía al trabajador público ejercer su función con independencia sin menoscabo de la disciplina y nadie había cuestionado eso hasta que han llegado estas lumbreras. ¡La van a tener cruda con ese ejército laboral! Porque si es cierto que nunca se controló la productividad administrativa, también lo es que menos se controló la política. ¡Los paracaidistas del partido echando a los opositores! No me digan que, una vez más, no es el mundo al revés.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.