Lo que el alcalde de Huelva ha dicho como parlamentario en la Cámara autonómica –que se adapte la fiscalidad y se rebaje el impuesto de sociedades—es doctrina hoy aceptada por tirios y troyanos. Ejemplo, el País Vasco, al que han trasladado sus sedes numerosas empresas pequeñas y medias para reducir impuestos y, consiguientemente, aumentar beneficios. Portugal ha hecho una jugada maestra al rebajar el tipo impositivo que, con toda seguridad, atraerá a muchas “pymes” (sin descartar alguna firma grande) más pronto que tarde, pero la Junta no parece entender algo que, como decíamos, es hace mucho doctrina admitida por la generalidad de los especialistas. Lo que le faltaba a Huelva era una espantada empresarial. Y hay que reconocer que la tentación vive al lado.

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