Leo en un periódico progubernamental una dura denuncia de que el pueblo toledano de Seseña –ya sabe, el feudo del famoso Paco el Pocero—la especulación tendría en nómina a tres de los cuatro concejales del PSOE. Arriscada denuncia, desde luego, que contrasta con el silencio que guarda –no sólo ese medio sino la inmensa mayoría—sobre los “casos” de presunta corrupción que afectan a Chaves, por ejemplo, a los sobrinos del expresidente González, al disparate de Almería, a la barra libre que es el urbanismo de costa en Andalucía, al pelotazo descubierto recientemente en Punta Umbría y tantos y tantos escándalos silenciados como llevamos vividos. Bien, desde luego más vale un poco que nada, pero ahí queda ese contraste, ese criterio selectivo, esa doble vara de medir que, en esta ocasión, ha servido para zurrarle la badana –a saber por qué—a los propios “amigos políticos”. Paco el Pocero, en cualquier caso, no va a eclipsar el imprevisible escándalo de Marbella ni debería servir de cortina a un enredo de responsabilidad política como el que afecta al Presidente.

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