Escucho la tertulia de Alsina en Onda Cero enredada en el temible tema del suicido. ¿Por qué se suicida la gente, hay relación entre la crisis y el suicidio, qué postura deben adoptar los medios de comunicación ante el suicidio, la publicidad o el ocultamiento preventivo? Un experto repite muy juiciosamente algo que se ha dicho por activa y por pasiva desde Durkheim en adelante: que no hay suicidios unicausales sino debidos a una convergencia de causas adversas que acaban por destruir al individuo. Hay otras formas de escape, otros recursos paliativos como el consumo de psicótropos, que, como es sabido, se ha disparado con la crisis tal como sucediera cuando la reforma de Griñán. Con fármacos se intentan suicidar al día en España, si hemos de creer a una fuente sólida, casi trescientos desgraciados, pero el caso es que, aunque la estadística del asunto sea encubierta desde siempre, sabemos que en España, por ejemplo, cada día se quitan la vida más de nueve personas, es decir, más que víctimas del tráfico: el suicidio es en España la primera causa de muerte no natural. Pero, sí, es prudente atribuir el suicidio a una conjunción de causas, que sería, por otra parte, la explicación de la diversa tipología del suicidio que establecen a dos manos sociólogos y psicólogos, pero ello tiende a alejar a la crisis como causa principal, cosa que es incierta. Con la crisis, en Grecia, en Inglaterra o en Italia las tasas de suicidio han subido a compás de la exponencial subida de ansiolíticos y similares, lo mismo que en España, y no parece lógico que la causa haya sido la publicidad mediática. Hay periodistas amarillos, pero también (el caso de Alsina es, para mí, paradigmático) informadores y formadores de opinión que hilan fino, quizá demasiado fino, cuando un periódico o una radio hablan de la mujer o el varón que se arrojan al vacío desde un alto piso antes de entregarse a los desahuciadores.

Bien, pero consideren que el suicidio ha constituido “delito”, valga la paradoja, en diferentes ordenamientos jurídicos y que hasta hace poco al suicida se le negaba la tierra sagrada para su entierro por parte de unas iglesias (y digo “unas” porque no fue solo la católica) que lo consideraban, encima, pecado: el pecado de Judas, nada menos. Los antiguos hablaban de la “bilis negra” (melancolía). Nosotros hemos de contar también con la prima de riesgo y las “agencias de notación”.

3 Comentarios

  1. Triste tema, tristes conclusiones, aunque muy bien razonadas. El suicidio en una respuesta del alma sobrepasada, que nunca debió ser ofendida como se hizo prohinbienro la inhumación de suicidas en tierra sagrada. Yo nunca lo hice, por cierto, y no lo digo como mérito sino como testimonio. Nada más conmovedor que un suicidio, en el fondo, nada tan humano…

  2. También en USA se han inflado las estadísticas sobre suicidios, qué duda cebe que empujadas por las crisis económica. En W.Post se ocupaban del caso semanas atrás con gran rigor y, tal como refiere la columna, desde la tesis de que nunca obedecen a una sola causa. Yo sin embargo tengo mis dudas en el caso de determinados suicidios.

  3. Las tasas de suicidio han sido siempre cuidadosamente ocultadas. Hace unos años, era una especie de aproximación decir que iban parejas con las muertes en carrtera. Como bien dice JA, esta afirmación, desgraciadamente ha variado a favor del suicidio. Por fortuna, las muertes por aacc. de tráfico también van disminuyendo.

    He buscado una nota que tomé este verano en que un cátedro de Psq. de mi mayor respeto afirmaba lo que aquí también queda dicho: se vincula a muchos factores, donde se suman las causas inmediatas y las circunstancias individuales y sociales, además de todo el perfil biográfico.

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