Nada más elocuente de la paranoia que produce la crisis de los proyectos griegos de vender sus innúmeras islas menores. El Gobierno de coalición ya habría confeccionado una lista de 47 islas en venta provocando tal indignación popular que hubo de renunciar a su proyecto. Pero ahora ha recibido la sugerencia de la UE y del FMI de rematar ese proyecto que implicaría el desalojo de sus exiguas pero tradicionales poblaciones, concretamente de aquellas que no excedan de los 150 habitantes y parece que al menos un sector del Poder anda rumiando esa idea demostrativa de que la codicia capitalista no tiene límite. Por supuestos, todas las alarmas se han disparado a raíz del desmentido del Gobierno que la mayoría ha interpretado como una confirmación precedida por un globo sonda. Vender sus islas al mejor postor sería para Grecia una defección definitiva en la medida en que nada quizá tan helénico como esa visión micronésica de un pueblo navegante que a su oficio debe su imaginación y su astucia, pero sobre todo, constituiría un gesto supremo de desprecio por los derechos de esos isleños que habrían de ser trasladados a la fuerza a pesar del inmemorial derecho adquirido por su estirpe. Los críticos griegos saben que el proyecto no es ninguna fabulación dados los precedentes registrados en Brasil o India, donde millares de lugareños han sido expulsados de sus territorios en beneficio de inversores sin escrúpulos en un proceso que algunas voces han reprobado con energía, mientras que los economistas y geógrafos avisan de que ni la operación de venta solventaría esa crisis terminal, ni se deberían despreciar las prospecciones que avisan de la probable existencia de grandes veneros de oro bajo sus fondos marinos. Esta crisis se está demostrando capaz de obnubilar a los responsables políticos más que ninguna de las precedentes. Lord Keynes se habrá revuelto en su tumba si le ha llegado la noticia de esa solución inverosímil.

¿Ven como esta catástrofe financiera no es universal sino que tiene sus ganadores camuflados en la especulación? No hay acaso imagen más plutocrática que la del hombre que posee una isla y en ella levanta su altiva mansión y labra su tálamo en el tronco de un olivo, como Ulises antaño, y en la modernidad los Onassis y los Niarchos. Y a Bruselas no se le ocurre mejor solución para Grecia que poner en almoneda ese territorio que los viejos helenos recibieron en herencia de sus dioses primordiales.

4 Comentarios

  1. La idea cde vender las islas griegas creo que supera a todos los síntomas graves que nos ha dado hasta ahora la presente crisis. Porque puede que, detrás de las islas menores, algunas sólo peñascos, venga la ofertav de las mayores, de Delos, de Cos, de…, las patrias de los maestros primeros de la Humanidad, la gloria de ese país redivivo de esntre los escombros turcos.

  2. Si hacen esos, los griegos harán bien en colgar al capitán de lo alto del mastil.
    Zas tiene razón. ¿Pero es qué no hay quién les pare? ¿Hasta dónde irán por afán de lucre? Supongo que se tiene que venir todo el tinglado abajo para que , por fin, comprendan.
    Un beso a todos.

  3. El tinglado son ellos, madame. Los que nnos hemos venido nabajo –o mejor, nos han tirado– somos nosotros.

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