Las tradicionales rebajas inglesas, ésas que cada enero convocan grandes multitudes continentales en los grandes almacenes, han alcanzado este año hasta el 90 por ciento de descuento. Un intento más de aliviar una crisis galopante que, desde que en mayo entró en recesión, está desmantelando la solidez del país. Lejos queda el modelo imperial, el sistema metropolitano que importaba materias primas y exportaba manufacturados a las propias colonias, los últimos elefantes y virreyes, los lanceros bengalíes, el polo y el cricket, lejos la rara independencia que le permitió vivir al margen de la primera gran crisis, la Gran Depresión, y continuar, tras la segunda gran guerra, con su buen pasar de país privilegiado. Parece que un modelo más o menos dual, basado, como en España, en la construcción, pero también en la especulación financiera, se ha venido abajo sin estrépito haciendo tambalearse las tres grandes joyas de la corona: los bancos, la libra y la deuda, y ahora tiembla ante la perspectiva de tener que tragarse su ‘spleen’ e ingresar humildemente en el euro en busca de ayuda. Dicen que han caído en picado las subastas y las reventas de bienes usados, que se ha disparado el negocio de la ocasión y que de ser el país de la banca se ha pasado a una desconfianza radical en línea con la idea de Jacques Attali de que sólo los gobiernos pueden estar tan locos o tan asustados como para invertir en ella. Hay crisis para todos, faltaría más, y en aquella sociedad hasta ahora no poco opulenta, dicen que cae en picado la moneda, se desploman los salarios y tiritan los dependientes de la escasa protección social. Lejos quedan los últimos elefantes y mucho más cerca el desdeñado Continente.

Es posible que el postcapitalismo que venga tras el gran bache no aparezca ya piafante como lo ha venido haciendo hasta ahora, que tenga que revisar (o lo obliguen a revisar) sus ambiciosos proyectos y a contener su instintiva rapacidad, entre otras cosas porque, tras esta debacle, van a quedar muchos menos ingenuos sueltos por la vida. Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que estemos ante el fin del Sistema, pero tampoco que éste se vaya a ir de rositas de las consecuencias del cataclismo. Los ingleses vendiendo sus cotizadas camisas y jerseys a un 10 por ciento de su precio y con una libra devaluada prácticamente hasta la paridad con el euro, lo saben de sobra, a juzgar por lo que dicen sus responsables. Sólo queda sentarse y esperar a que la crisis amaine para ver si el sufrimiento de tanta gente ha servido, al menos, para algo.

3 Comentarios

  1. Recogen los británicos ahora los resultados de la brillante política de la señora Margaret Thatcher, compañera política del estadounidense Ronald W. Reagan, y tan admirada por los políticos de la época, que decidieron seguir la senda educativa que había de llevar a la gloria por ellos vaticinada: en 1990 se aprueba la LOGSE en España, de la que el denominado Plan Bolonia no es más que su culminación, por mucho que se quiera disfrazar de otra cosa y se aproveche para realizar una reforma de los procedimientos docentes, todo ello aderezado con un exceso de formalismos y protocolos a menudo reñidos con la agilidad funcional. El poder otorgado para ello a los profesionales de la pedagogía es evidente, hasta el punto de que se piense por muchos que el tipo de pedagogía comprensiva está produciendo más desastres que beneficios.

    El declive de las clases medias, tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, no ha hecho sino acentuarse desde entonces. Y no es necesario recordar a dónde nos ha llevado en la actualidad esa política, seguida con fervor por todos los gobernantes liberales, tanto de derechas como de izquierdas.

    No es sólo un modelo económico el que ha fracasado, sino todo un modelo de vida. Al menos es lo que pienso.

    Saludos a todos

  2. (Con un día de retraso)
    Dice don José António que todo lo que está ocurriendo» no quiere decir, ni mucho menos, que estemos ante el fin del Sistema». Quizás no estemos, porque los hombres son muy tercos, pero que este sistema haya alcanzado sus límites y mostrado sus terribles lacras es evidente. No sé si hay que sustituirlo por otro, ni hasta qué punto se lo puede reformar pero desde luego algo hay que hacer!
    Un beso a todos.

  3. con que margen trabajan entoces? y luego ibas a la tienda y no te hacian ni en 5 %. un saludo don jose antonio

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