La pandemia, aparte de la tragedia humana, nos ha traído el drama económico. Ese era el riesgo que ha venido corriendo la Andalucía con el régimen de casi monocultivo vivido durante el último medio siglo. Una economía en la que el turismo tuviera un peso tan decisivo en la formación de su renta, ha encontrado en la invasión del supervirus un obstáculo insuperable. Pero quién sabe si esa desgracia puede ser la ocasión para un nuevo proyecto socioeconómico regional que, reconstruyendo ese sector tan propio, abra el modelo hasta diversificarlo en uno nuevo equilibrado por el sentido común. Porque la pandemia ha servido para demostrar la eventual insolvencia de una vasta economía apoyada básicamente en un solo pie. A la vuelta de la esquina espera un tiempo nuevo en que no sólo se volverá a vivir plenamente sino que estaremos obligados a repensar el viejo modelo.

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