Es verdad que el alcalde accidental de Valverde y sus edecanes no han inventado la factura falsa. El Ayuntamiento de Sevilla tiene abierto varios frentes y cuenta ya con dos condenados por ese delito. El de Baena, presidido por un senador nada menos, sigue como si tal cosa a pesar de haber pagado presuntamente con facturas falsas sus juergas en puticlubs marbellíes. Lo que tiene de especial el caso de Valverde no es tanto el mangazo de la mariscada como el presunto delito de la factura falsa y, sobre todo, el hecho de que el responsable máximo reciba en premio la vara da alcalde. ¿Un alcalde sobre el que pesa la vehemente acusación de encargar facturas falsas? Temo que a ese tránsfuga le ha fallado esta vez la técnica de los hechos consumados con que hizo carrera salvando al PSOE y destrozando a IU.

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