Acabamos de enterarnos por la prensa de la oferta hecha por un matrimonio leonés interesado en “cambiar” un riñón por una vivienda. Se trata de una pareja pobre, enferma, que carece de techo, que opina –y para darle o quitarle la razón habría que colocarse exactamente en su lugar—que “sin un riñón se puede vivir mejor que sin una casa”, y no se lo ha pensado dos veces para meterse en el mercado, consciente de que, aunque la venta de órganos esté prohibida, ninguna ley prohíbe que se cambien las “cosas” libremente, en función del juego de oferta y demanda. Pero la mujer de la oferta va más allá incluso y fuerza el argumento con una afirmación que parece inspirada en la más pétrea teoría de la reificación o incluso cogida de prestado al ideario de Karel Kosic –“Yo con mis cosas hago lo que quiero”—pero que, en todo caso, además, no disuena demasiado en medio de la algarabía de este mercado persa. Si se venden y alquilan los cuerpos completos a ver qué puede oponerse, ni moral ni legalmente, a la decisión de cambiar un órgano que ni siquiera es indispensable y menos en el ambiente tenso de ese ‘statuts necesitatis’ que, si justifica un robo, bien puede justificar también una mutilación. ¡Vaya usted a exigir rigores al almotamid de esta lonja en que se venden sin control hasta los tuétanos propios y ajenos! Y más cuando también acabamos de saber que en China –a pesar de medidas como la reciente prohibición de comerciar con los órganos de los ajusticiados– está en marcha un mercado de trasplantes de órganos obtenidos en vivo, o que en los EEUU ya hay grupos influyentes de médicos que, frente al llamado “turismo de trasplante”, postula ya la regulación formal de la compraventa de órganos humanos, controlada por la propia Administración, como el medio idóneo para contrarrestar un tráfico ilegal que la OMS cifra nada menos que en el diez por ciento de los trasplantes practicados en el mundo. Si en aquella Babilonia un injerto regular viene a costar casi 200.000 dólares mientras que en Pakistán sale por quince mil, la verdad es que cuesta echar en saco roto el planteamiento de los facultativos.

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No existe en ese mundo, en cualquier caso, ningún escándalo moral comparable a este expolio de los pobres por parte de los ricos que es evidente que cuenta, al menos, con la vista gorda de la autoridad no sólo en las áreas míseras –como algunas hispanoamericanas que, en manos de las mafias, se han convertido en auténticos almacenes de órganos y vísceras– sino en países como Pakistán, en los que es público y sabido de sobra que un riñón se vende sin problemas a mil dólares la pieza, o como esa India a la que, no sin malévola retranca, algún organismo internacional ha tenido la desfachatez de llamar “el bazar del riñón”. En Perú o en Colombia hace años que funciona el rapto de menores destinados a lejanos quirófanos en los que serán despiezados según las necesidades del mercado, unas veces demandador de córneas, otras de hígados y hasta de corazones, y la cámara oculta de este periódico, sin ir más lejos, ha probado la lenidad con que la Justicia mexicana trata a esos criminales cuando se les descubre con las manos en la masa. Una inmensa casquería alumbra su escaparate desde Lahore a León pasando por medio mundo y hasta parece que el Poder no ve otra solución posible que regularizar la lonja para evitar abusos excesivos, controlar los precios y quien sabe si, con el tiempo, acabar cobrando de paso alguna alcabala sobre ese matute atroz. Siempre recuerdo que en el repetido tema pictórico del milagro de san Cosme y san Damián, la pierna negra injertada prodigiosamente al paciente blanco anunciaba ya, en plena Edad Media, este tráfico desigual y esta demiurgia clasista que hoy día va perdiendo incluso la incómoda mordiente del escrúpulo moral. “Yo hago con mis cosas lo que quiero”. A ver quién le quita su razón a esa leonesa desesperada.

22 Comentarios

  1. Son cosas estremecedoras, don ja, que hace muy bien en remachar, y en sacarlas del anecdotario. Este mundo es terrible, pero cuando decimos este mundo debemos incluirnos todos, sin excepción.

  2. Por razones religiosas rechazo esa utilización sacrílega del cuerpo que sólo es de Dios. No sólo debería usted criticar el negocio del trasplante sino el trasplante mismo, un sacrilegio en toda regla que ha llegado a parecernos tan normal que hasta los Gobiernos hacen propaganda para animar a los “donantes”. Por favor, no se molesten en replicarme con razones que no voiy a admitir.

  3. Pone los pelos de punta. Hay noticias que no basta con conocerlas sino que conviene clavarlas ahí a la luz, como si fueran una mariposa maldita, para que podamos hacernos una idea del horror que representan.

  4. Lo curioso, don jefe, es que estas realidades, que conocen los Gobiernos antes y mejor que nadie, además de los organismos internacionales, están ahí, se exponen, se critican, nos rasgamos las vestiduras, pero permanecen un año y otro año iguales, sin correcciones significativas. Quién tiene la culpa de estas situaciones? ¿Los Gobiernos? Tal vez habría que decir, como se suele en el caso del maltarto doméstico, que un poco la culpa es de todos, porque todos deberíamso denunciar, como acaba de hacer usted, noticias tan lamentables.

  5. Discrepante, una vez más: eres tonto de caerse. No discuto tu derecho a creer lo que te plazca, pero me niego a aceptar tu criterio aplicado a los demás. Los fanáticos podéis estar todo lo locos que queráis, pero no tratar de imponernos la locura a las personas normales y civilizadas. ¿SE ha parado a considerar el daño que supondría para millones de en enfermos ese mito de la sacralidad del cuerpo, so merluzo? Pues hágalo.

  6. Respecto a esta última cuestión, recuerden que la Justicia española tiene claro el derecho de la sociedad a defenderse y el de ayudar a los individuos incluso en contra de su voluntad, en los casos en que esa voluntad funcione contra el sentido común, la ciencia o la evidencia. Con los Testigos y otras sectas la batalla ha sido larga, pero estos días está en el “candelabro” el caso del asesino en serie, como le llama don ja, ese De Juana no sé qué, que amenaza con dejarse morir de inanición.

  7. Es como cuando se discute el derecho a “alquilar” (“vender” dicen los burgueses consumados) el propio cuerpo, por necesidad o porque te dé la gana. ¿Por qué no puede un ser vender un órgano o cambiarlo por una casa o por un yate? Aquí se vende y cambia todo, por permanecer en el Gobierno, por conseguir a la pareja deseada, por ganar una fortuna, por… ¿Por qué no por dignificar la vida?

  8. Me parece que este debate está mal planteado en el terreno de la ética, la política o la moral Es en el de la medicina donde debe discutirse si es lícito, bueno o perjudicial que se potencie la práctica del trasplante. Pero como cuestión genérica, yo también pregunto qué puede motivar una negativa ante el trasplante que lo único que consigue es “desperdiciar” una parte del ser vivo que ya no le sirve al suyo pero puede salvar a otro.
    La denuncia de gm, como es habitual en él, correcta y documentada, bien razonada además.

  9. Hay mucha hipocresía TAMBIÉN en esta materia, porque todos sabemos que se ceden órganos entre familiares, entre amigos o entre, por qué no, un poseedor y un necesitado a cambio de dinero o cualquier otra compensación. No debe escandalizar que se recosntruya una cara o se resure un hígado, se implante un corazón o un riñon, porque ésa es ni más ni menos que la meta de la ciencia médica: avanzar en la conservación de la vida. Otra cosa es el negocio y la explotación, pero eso, es evidente que va por otro lado.

  10. Me hubiera gustado extenderme sobre el recordatorio emocionado de Triunfo y sus desaparecidos, pero no me fue posible.
    Hoy, mi solidaridad y mi conformidad con la tesis de jagm y con la mayoría de las opiniones ya vertidas por los blogueros. Las discrepantes apenas significan nada hoy en el mundo. La realidad tiene esa condición: que se acaba imponiendo por encima de los mitos.

  11. Viejo tema del jefe, casi una obsesión suya, al hablar de Frankenstein y otros motivos. Un asunto tremendo, sin lugar a dudas, ante el que el propio Derecho no sabe que hacer, porque ¿qué es eso de que no se pueda vender un órgano pero sí cambiarlo? Si me responde un togado, mejor que mejor.

  12. El tema de hoy está en Turquía, señores listos. Allí, allí, anque ustedes prefieran mirar para otra parte, está en escena ótra Cruzada contra los pueblos islámicos.
    Un musulmán español (lo creo o no la repipi).

  13. Ni cambiar ni vender, Mr. Pangloss, seún como se mire. Tampoco puede uno mutilarse ni suicidarse. El humanismo ha inrtoducido en el derecho perspectivas morales nada simples. No se pueden reducir sin riesgo de reyusltar simplistas.

  14. También yo me conmuevo ante ese recordatorio, también yo creo que los Gobiernos son los responsables últimos de ese crimen que creo que no se produciría si las víctimas fueran los otros, es decir, los ricos. Seguro que entonces enontraban instrumentos jurídicos adecuados y policiales bastantes para eliminarlo. No queiro parecer demagógico pero me parece que eso es evidente.

  15. (También yo me entretengo releyendo Triunfo, ja, y es una gozada).
    El tema de hoy: no se preocupa por su dificultad, usted lo plantea de modo irreprochable. Que haya supersticiosos o bobos sueltos ni quita ni pone en la cuestión de fondo. El trasplante es el futuro…imperfecto, la etapa del progreso médico que antecederá al siguiente gran avance: la medicina que manipulará benéficamente el adn que nos constituye. ¡Adios a más mitos todavía! En su día, si vivimos, ya verá como hay algún bloguero que también criticará el art. que sin dura hará usted sobre la materia.

  16. Yo metía en la cércel al que compra un órgano a un pobre, pero no veo cómo impedirle a un pobre que se venda para comer. Si la sociedad le diera un pedazo de pan, un vestido y una vivienda, podría hablar. Mientras permita su explotación y miseria no tendrá más remedio que callarse o pudrirse en la contradicción, como usted mismo insinúa.

  17. Mecachis. Me pasa por no abrir el blog recién horneado. Ya mi doña Bárbara lo dice mejor que yo. Si puedo ‘regalar’ mi médula a mi hermano, o un riñón al sobrino moribundo en su falta, ¿por qué no puedo ‘cambiar’ mi riñón -y la yema del otro, juas, juas- a alguien por una casa?

    Pónganse en la viceversa. Invertir la carga de la prueba o como se diga. Raphael o el Camilo Sexto, o Sesto o Noveno, obtuvieron su higadito porque tenían casa, o acciones qué más da, para vender y con la pastora pagarse la casquería ajena. El mismo Carlos Cano se gastó su buen taco de millones en que lo tratara Fuster. Luego le hizo una coplita a las ardillas y a vivir.

    Lo injusto, lo terrible, lo perseguible, lo criminal es desguazar a un meninho da rua para calzar a dos o tres millonarios. Persígase, entrúllese, incluso destrócesele el esfínter al velocirraptor, al comerciante, al intermediario y hasta al carnicero que se unta de sangre hasta el codo. Pero cómo no disponer de mi riñón supernumerario o de un trozo de mi hígado para salvar la ruina de mi familia. O sé mu poquito de historia -que es verdad que sé mu poquito- o el trueque fue anterior a la pecunia.

    Discrepo con el galeno arribafirmante. Claro que el debate se plantea en términos de ética, de justicia y de política. (Por Dios, que no se metan en el asunto los políticos, que la cagan. sería en el único tema que no lo hicieran). La medicina es sólo el instrumento.

    (A mi don M.: me encanta lo de Epivecindona que me apodó ayer. Pues sí, como dice el humorista de la radio, servidora es una gladiadora del hogar. Voy cada mañana al mercado a por fruta y verdura fresca y comento con la vecina o el pescadero la conveniencia de añadir o no el curry a tal arroz. Ah, y lo de Epirrepipi de hoy ya es divino de la muerte. Archivado).

  18. Es tremenda esta propuesta de la señora leonesa.Es un problema moral en el que hay que bucear y en el cual es fácil perderse. Para empezar no estoy de acuerdo con Don Berdigón cuando censura e insulta a Don Discrepante: también él tiene derecho a ver las cosas a su modo, y si le apetece cumplir a raja tabla lo que le dicta su moral y sus creencias aun a costa de su vida, a mi parecer hay que dejerlo, y en ningun caso insultarle.
    Entiendo que esa señora tiene que estar desesperada, quizás tenga hijos y los ve pasar frío y hambre; quizás yo haría otro tanto, como apunta don Jose Antonio.Y quizás, si tuviera un crío con problemas de riñones pues lo mismo: yo misma le compraba uno.
    Es fácil censurar. Entiendo que éste es un problema moral en donde no es fácil zanjar a no ser que sea ateniéndose a principios religiosos que no se explican ni se discuten……pero que tienen el mérito de existir, de limitar la voluntad del hombre, su instinto de poder, de dominación.

  19. Podemos condenar a los pueblos infelices en los que reina la ley de las castas pero nosotros hacemos peor! no sólo repartimos las personas en castas también.-la de los que merecen vivir y la otra que sirve de piezas de repuesto-sino que nos designamos árbitros de vida y muerte: los que merecen vivir por tener pasta y los demás- No sé si me atrevo a salir a la calle si no puedo pagar el alquiler…

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