Que sí, que es muy fácil renunciar a dietas y zarandajas –como ha hecho la podemita Teresa Rodríguez— cuando se trincan en casa dos sueldazos de aquí te espero. Pero ¿acaso basta esa pamplina archisabida para justificar que el Parlamento en peso se oponga a ese gesto más que razonable en medio de la crisis económica supina y acaso insuperable que soporta Andalucía? Chaves o quien fuera llevaba razón cuando consagró el dictum “con las cosas de comer no se juega” que no han olvidado las ávidas mayorías que nos trajinan. Ni se comprende, por más que se desee, un ejercicio de rapacidad tan desvergonzado como el que acaban de hacer –y no por vez primera— sus requetebién pagadas Señorías.

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