Los españoles no le hemos cortado nunca la cabeza a un rey, gracias a Dios, como los franceses o los británicos, pero sí que hemos echado abajo dos veces a los Borbones y una a los Saboya. El vaso se colmó en la España de Isabel II, hoy en proceso de revalorización historiográfica –Comellas ya no está sólo desde que Isabel Burdiel publicó recientemente su espléndida biografía de la “Reina Castiza”–, más por el despiporre cortesano que por razones objetivas, y en el caso de don Alfonso XIII, el “rey caballero”, por su ocurrencia de poner la nación en manos de un dictador. Hasta ahora, en todo caso, los monarquistas alegaban que la fórmula republicana había dado ya, en dos ocasiones, malísimos resultados, tan malos como para hacer buena a una monarquía regular. Hoy muchos republicanos estamos perplejos, en todo caso, a causa de la insensata reivindicación del último caos republicano inspirada por Zapatero, como si no hubiera pasado tiempo suficiente para aceptar no sin razón que, en efecto, nuestro problema es que lo tenemos difícil a la hora de elegir forma de gobierno en la panoplia platónica. Ahora bien, los hechos son los hechos y el fundamental en esta hora desdichada es que la tolerancia con la corrupción que afecta a nuestro sistema de partidos ha acabado por extenderse del cortijo a la Corte y afectar sin excusas posibles a la propia familia real. Tendríamos que leer más a Galdós y, sobre todo, a Valle-Inclán, para iniciarnos en el secreto a voces de que la corrupción desestabiliza más que la propia tiranía, ni más ni menos que porque ésta es cosa exclusiva de uno o de unos pocos, mientras que aquella se sirve en barra libre. No creo que la nación esté hoy para aventuras republicanas pero ya me dirán que hacer si, finalmente, un juez imputa a una infanta del Reino y la sienta en el banquillo.

Cuando se escriba la crónica de este reinado sobresaldrán, sin duda, la contribución del Rey a la estabilidad nacional y su aparición en la revista Forbes en la foto de familia de los milmillonarios del planeta. Mientras tanto, a ver qué ocurre con un yerno “golfo” –ya verán cómo, al final, también le cae a éste el apóstrofe–, unos cortesanos imputados y hasta una Infanta a salvo por ahora en el ojo del huracán. Nunca pensé que se cuestionaría la monarquía instaurada por Franco –¿acaso escribe Dios derecho con renglones torcidos?–, pero tampoco que en la propia Corte se llegara a actuar como en la Marbella de Cachuli.

11 Comentarios

  1. Brava columna, no le eche tantos huevos a la tarea que un día se va a estrellar contra los podres fácticos. Se lo dice quien bien lo quiera a usted.

  2. NN: eres tonto dde remate. Aparte.
    La columna es vitriólica y medida, no creo que se le pueda objetar ni radicalismo ni timidez. Va a haber que ir pensando el abdicación, entre o no en los planes de este Rey bamboleante.

  3. No creo, en contra de la opinión del Anfitrión, que la nación esté en mal momento para aventuras republicanas. Excluya a las señoras que leen el ¡Hola! y a los conservadores -muchos de ellos llamándose sociatas, que les conviene conservar sus canonjías tal cual están- y escuche cómo en la calle crece el rumor contrario al borbonismo que hace ya tiempo tiene abierta la porqueriza: el famoso 23-F hace tiempo que fue desmontado; los amoríos a plena luz y con desfachatez del Corona; el enriquecimiento del patrón -¿o es que el heredero es tan tonto como parece y no se va dando cuenta?- y los trinques de la/las Infanta/s; la opinión de la basca acerca de la flojera del heredero y la aversión hacia la barbie trepadora con que se casó; y se pueden añadir más ítems.

    No son tiempos de tribulación, sino que se extiende la conciencia del final de etapa. Pues borrón y cuenta nueva. Pa poca salú, ninguna, dicen en mi pueblo.

    ¿O no tienen ustedes en la cabeza dos o tres presidentes y algunas presidentas que manejarían con tino la deriva de la Tercera? Porque no me dirán ustedes que la jefatura del estado está hoy en manos de William Bligh, el capitán del Bounty.

    El pestazo que desprende

  4. Si la infanta es imputada y debe ir a un banquillo la monarquía entraría en crisis a no ser que se desmarque en un doloroso acto de respeto al derecho. Para el resto, de acuerdo en todo hoy también.
    Curioso que que haya que felicitar a un escritor por publicar cosas como esta…

  5. Creo que quien firma Epi respira por su afán republicano. Y con razón. Pero una pregunta le hago: ¿se imagina que una República pusiera en la cabecerz del Estado a un Rubal, a un Cayo Lara o a un Rajoy? ¿No szería salir de Guatemala para ir a Guatepeor?

  6. Me parece que la insittución monárquica no esperaba este espectáculo. Lo va a tener difícil para serenar los ánimos.

  7. LLeva toda la razón. Si la Monarquía quiere legitimarse que limpie sus establos. Lo mismo que los políticos, no se olvide. Aquí va a hacer falta otro Hércules para esa tarea.

  8. ATENDIENDO A LOS REQUERIMIENTOS DE MUCHOS DE USTEDES, HE SOLICITADO AL PROF. NARBONA QUE ME ENVÍE EL EXTO AL QUE ME REFERÍA EN LA COLUMNA –SOBRE LA PREPOSICIÓN A– PARA COLGARLO AQUÍ EN MI PÁGINA. GRACIAS A ÉL Y GRACIAS A TODOS USTEDES (INCLUSO A “NN”).

  9. El escrito del prof. Narbona que se me reclamnaba está colgado ya aquí arriba. En días sucesivos no habrá más que retroceder para encontrarlo.

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