No se entiende la política de la Junta frente a la inmensa carga que le supone la avalancha de inmigrantes y, en especial, de menores, aunque se comprenda la sordina que la consejera ha debido poner a su juiciosa demanda de ayuda dirigida al Gobierno. Esa historia de que Gobernación se gasta sus caudales en lujosa prensa y de que hay prisiones andaluzas en que durante el Ramadán se agasaja con banquetes ceremoniales a los presos musulmanes constituye una demostración irrefutable de la estrategia benevolente que no sabemos hasta qué punto puede ser uno de los grandes estímulos de esos movimientos organizados. Pero el cuento de que la consejería permite, durante el Ramadán, telefonear gratis a sus familias a los menores retenidos que no pueden ser devueltos a sus padres precisamente por desconocerse el domicilio familiar, pasa con mucho de la raya. Chaves pretende cuadrar el círculo y estar a un tiempo al caldo y a las tajadas, quejoso de nuestro duro papel pero cómodo con el “gobierno amigo” y amable con el “amigo político” que nos envía las pateras. Cuando vuelva a protestar la consejera habría que recordarle que sarna con gusto no pica. 

1 Comentario

  1. El gobierno Chaves imita a Madrid, sonrisas y ponerse de perfil. Habrá que ver la viceversa, cómo sería al revés… El diálogo de civilizaciones hasta ahora es unidireccional.

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