No nos podemos quejar los andaluces del reparto tramado por Zapatero si las cosas se miran desde las perspectivas de las demás comunidades españolas, ciertamente perjudicadas por la estrategia electoralista. Pero eso no quiere decir que hayamos de dar por buena una dádiva que nos sitúa muy por debajo de los ciudadanos catalanes, privilegiados por un Gobierno que, evidentemente, actúa como rehén de aquellos socios. Chaves se ha plegado como un mandado ante ZP y, lo que es peor, ha representado el pasillo de comedia de una negociación culminada por el éxito pero en la que, en realidad, nos han puesto, una vez más, mirando para la Meca. Y encima albricias, aplausos y fuegos artificiales en los ‘medios afectos al régimen’, como si no hubiera quedado claro que el Gobierno ha discriminado a Andalucía con esta nueva providencia incrustada en el más alocado proyecto inversor de la historia democrática. Somos la urna y la coartada del partido en el poder. Tanto que incluso cuando nos dan más resulta que nos han dado de menos.

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