La alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, se ha salido de la estrategia de confrontación alentada por IU y el PSOE en torno a la guerra civil, y ha dicho alto y claro que “ninguna posición política debe resucitar en estos momentos las dos Españas” porque es “el momento de la concordia, el encuentro y la reconciliación, no de la confrontación”. Una voz sensata en medio de la escalada suicida, un criterio sereno enfrentado al designio de explotar políticamente el rencor en medio de un clima progresivamente maniqueo. Aparte de su noble razón, la alcaldesa debe de haber pensado que los Ayuntamientos a lo que esos agitadores proponen ahora resucitar el espectro de la guerra civil tienen otras muchas cosas urgentes en que trabajar, empezando por la batalla contra la corrupción que IU trata con guante de seda según de quien se trate. Lo que Rosa Aguilar ha dicho lo piensa gran parte de una izquierda acomplejada que no se atreve a expresar en voz alta lo que esconde en su conciencia. 

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