El garantismo jurídico es tan necesario como puede resultar desconcertante. Un caso. Imaginen a un tipo que a los 17 años ya fue condenado por abusos deshonestos y un intento de violación, que más tarde aprovechó un permiso para violar a una niña de 14 años y otro para cometer tres robos y una nueva agresión sexual, que luego, durante un permiso de tres días, volvió a robar y a agredir sexualmente y que por fin (de momento), hace cinco años violó, asesinó y vejó los cadáveres de dos mujeres policías cuyo domicilio incendió después para borrar toda posible huella. Pues bien, ese tipo no sólo existe, sino que fue juzgado y condenado por esta última barbaridad a 83 años de cárcel en una sentencia que ahora acaba de ser anulada por el Tribunal Supremo (‘Supremo’ mientras no diga lo contrario el Constitucional, ya sobreordenado de hecho) al considerar que la Audiencia quebrantó el procedimiento en la medida en que a los delitos de esa naturaleza les corresponde ser juzgado por un jurado y no por un tribunal profesional constituido por tres magistrados profesionales. Qué se le va a hacer, “le democrazia è bella ma troppo incómoda”, dicen los italianos, y en nuestro sistema ultragarantista no cabe descantillarse lo más mínimo en materia de procedimiento aunque el crimen juzgado clame al cielo. Es lo suyo, no lo discuto, al menos mientras no se reforme la normativa y se mantenga en equilibrio inestable esa institución popular que tanto quebradero de cabeza está dando a la Justicia y tanto está contribuyendo a desprestigiarla.  Recuerden el caso del vasco que reventó a tiros a dos guardias civiles o el del asesinato de Rocío Waninkoff, por citar sólo un par de sucesos archiconocidos, y comprenderán que a esa torta del jurado le faltan sus buenas mareas.

 

Dicho sea todo con el respeto que un lego le debe al oficio, pero dicho sea también –seguro—en nombre de infinidad de ciudadanos que ven con inquietud creciente esta inmadura réplica de sistemas ajenos. Porque, además, resulta que, por lo visto, de haber dictado un jurado un veredicto idéntico, el TS habría considerado válida la sentencia, lo cual resulta tan impecable visto desde el ángulo procesal como resulta perfectamente incomprensible, desde la perspectiva del sentido común, que en un caso como el de ese prenda, inevitablemente mediático y pasional, un jurado lego en derecho no garantiza ni de lejos una mayor ni mejor justicia que un tribunal de expertos. El jurado se impuso desde la perspectiva de un democratismo ansioso de reforzar la presencia del pueblo en la vida, pero hoy sabemos lo que puede dar de sí cuando se juzga a una lesbiana acusada de asesinar a una chica o cuando se ve forzado a pronunciarse frente a un escopetero terrorista en el País Vasco. Un jurista de criterio bien grave me decía una vez que, en caso de verse alguna vez en el brete de ser juzgado, prefería sin condiciones serlo por un  tribunal profesional. Como una inmensa mayoría, yo hago mío ahora aquel criterio.

4 Comentarios

  1. “Como una inmensa mayoría, yo hago mío ahora aquel criterio.”

    Mucho has tardado en cambiarlo. Desde la Transición, prefiero un juicio por profesionales de la Justicia ajenos al influjo de la TVE, Cuatro, La Sexta, Canal Sur, TV3, y un largo etc….que al formado por espectadores de TV5 más las anteriores.

  2. Me quedo con el dicho gitano de ‘pleitos tengas y los ganes’, como expresión fina y sabia de la pachecada cachondeística. Entrar en el juzgado, en cualquiera, es una ruleta rusa donde igual te toca un ecuánime y responsable puñeta que una feminista revirada o un progreta con pintas.

    Por casualidad hace un día o dos vi en TV5 esa parodia de juicios que sirven a la hora del aperitivo, donde desde el principio hay asignados unos papeles de buenos y malos -no se vaya a enmigrañar el respetable. El juez era un exhibicionista chuleta con corbata de lacito. Acudí después al mingitorio y no excreté ni gota.

  3. Incomprensible esta actitud del estado de de derecho, hay que manifestarse masivamente para que hechos tan graves no queden impunes

  4. Me parece que el criterio de jagm es discreto y razonable. El jurado es una novedad que no ha calado pero sí que ha dejado clara su inviabilidad en una sociedad hecha a la Justicia profesional. Em efecto, los dos casos citados en la coluimna demuestran que caer en manos de un jurado es un peligro mayor que el que pueda encontrarse en manos profesionales. Pewro hay que advertir que el TS no ha hecho más que aplicar la norma en sus términos vigentes. El tema me parece de sumo interés y merecería haber tenido mayor eco hoy en el Casino.

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