Los pactos postelectorales son éticamente inobjetables e, incluso, benéficos en la medida en que pueden contribuir, según las circunstancias, a eso que le llena la boca a los políticos cuando los necesitan: a la gobernabilidad. Ahora bien, si los pactos son lícitos y benéficos, ¿por qué los condenan los mismos que los firman? ¿Y por qué los suscriben algunos con aquellos a los que han satanizado antes del recuento? ¿Por qué va de asustaviejas Chaves con el fantasma de la misma “pinza” con que a él lo ha salvado el PA en varias ocasiones¿ Libres de pactar con quien resulte razonable, los partidos deberían comprometerse, en cambio, a no aliarse nunca con aquel al que han acusado antes de ladrón, cacique o incapaz de sacramento. IU y el PA, sin ir más lejos, ya que dicen lo que dicen del PSOE y de Chaves. O el propio PSOE, que no debería pagar por el Poder el precio del insulto y el desprecio más absoluto. Los electores deberían saber que su voto no acabará en manos de quien nunca hubieran votado. Fuera de eso no hay más que cambalache.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.