Circula una rara especie por ahí en torno nada menos que a la compra de los astros. Mi amigo Manolo G., sin ir más lejos, le ha regalado a su sobrina una estrella y garantizado su presente con el recibito que le enviado una agencia creo que americana, de modo y manera que la beneficiaria será en adelante única y cósmica soberana del astro en cuestión. Por su parte una gallega ha formalizado ante notario su derecho de propiedad sobre el Sol que, por lo visto, no era a estas alturas más que una “res nullius” o bien mostrenco, y ha conseguido ser declarada dueña por el fedatario “al no conocérsele en cinco mil millones de años propietario alguno”, lo que habría propiciado su propósito “por usucapión” y santas pascuas. A la gallega, es verdad, le ha surgido un problema con un profesor rumano que entiende haber tomado posesión de nuestra estrella con anterioridad aunque admite que este tipo de adquisiciones no deja de ser una ridiculez las haga Agamenón o su porquero, sin que por el momento se sepa cómo podría zanjarse ese pleito. Ignoro, como es natural, que decidirán los leguleyos, pero nada más leer la bizarra noticia se me ha representado la antigua advertencia de Bastiat en el sentido de que la propiedad es siempre anterior a la ley puesto que ésta está ahí para garantizarla, principio que beneficiaría, llegado el caso, lo mismo a la gallega que al profesor rumano e incluso –que es lo que más celebro—a la sobrina de mi amigo, que podrán mirar al cielo en adelante seguros de ver (o de ni ver siquiera, quién sabe) lo que es suyo realengo. En este mundo ya no podemos asombrarnos de nada y si no ahí tienen la historia de Dennis Hope, un yanqui averiguado, que se ha puesto las botas vendiendo solares en la Luna y en Marte, según asegura estupefacta la prensa seria de su país.

 

Es avasalladora la idea que el hombre tiene de la propiedad como derecho emanado de la Naturaleza. Y quizá por eso decía Rousseau que el primero que levantó unas bardas alrededor de una propiedad y logró que los ingenuos creyeran en su derecho, fue el verdadero creador de la sociedad civil –ésa de que tanto se habla hoy sin saber de qué se habla—origen de la catástrofe sin pausa que vino después. A mí, de todas formas, la idea de comprarse una parcelita celeste me resulta poética y más o menos, dadas las circunstancias, igual de realista que comprar ciertos bonos del Estado. ¿No hay ya quien anda organizando con éxito el turismo espacial? A mí, eso de la usucapión, que estudiábamos antiguamente, me ha llegado al alma y me ha hecho añorar con nostalgia ese cielo estrellado e inmutable que, por supuesto, no podemos ver desde nuestras ciudades.

4 Comentarios

  1. Más ilusos me parecen a mí aquellos nobles que compraban la Gloria Eterna por medio de sepulturas en iglesias y catedrales a la vez que ignoraban el hambre en sus feudos.

  2. Don Griyo ¡pero qué malo es usted! ¡Tiene usted cada comparación! Pués a mi me parece también mu poética la acción de comprarse una estrella e inmediatamente pienso en” Margarita , está linda la mar”….

    La hoja de hoy, un vrai regal. Gracias sean dadas a don José António por saber darnos tan sabrosos guisos.
    Un beso a todos.

  3. Igual, puede, si usted quiere, don Griyo, pero MÁS, no. Hombre, seamos sensatos, que a usted le sobra el sentido común.

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