No discuto que comparar resulte casi siempre feo, pero hay ocasiones en que resulta difícil sustraerse a esa tentación. En el caso de los responsables del presunto mangazo en ese consorcio municipal sevillano al que respaldan desde su partido y desde “sus” instituciones, por ejemplo, en parangón con el de un diputado, ministro y candidato a la presidencia francesa condenado a dura pena de cárcel y otras accesorias –no se lo pierdan–  ¡por haber enchufado a su señora como asesora! ¿Les suena el caso, verdad? Escucho en Huelva a un ex-baranda del pasado “régimen” escandalizado porque, según él, los flamantes vigilantes de las playas serían “clientes” del “Gobierno del cambio”, una circunstancia inusitada, por lo visto, según su autorizado criterio. ¡La paja y la viga, una vez más! Ninguna ceguera comparable al fanatismo partidista.

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