Desde el Norte se habla, otra vez, de esta Andalucía nuestra, como de una tierra de bandoleros. No de los de trabuco y catite que asaltaban las diligencias en plena sierra, aquellos por los que suspiraban las viajeras románticas, sino de los de esta nueva especie burocrática que atraca emboscada en sus despachos. Se habla mucho de los ERE sin saber ni bien ni mal de qué va la vaina, pero se indignan perplejos ante ese invento autonómico andaluz que son las prejubilaciones falsas. “¿Qué prejubilan a la suegra o al vecino sin haber pisado nunca la empresa?”, nos preguntan con desconcertada indignación. Y nosotros hemos de callar por aquello de la propia imagen. Se han quedado con el manso y nos han dejado solo el sonrojo.

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