El ministro de Sanidad, Bernat Soria, tratará de explicar en el Congreso el síncope provocado por su prohibición de venta del aceite de girasol, prohibición levantada en seguida, la misma noche del domingo, una vez que ya, por un lado, el daño era irreparable para el sector, y por otra, poca gente con sentido crítico tomaba en serio una medida que países como Francia, Inglaterra o Italia evitaron al limitarse a retirar las partidas importadas de Ucrania, que eran las sospechosas. Su curiosa coincidencia en el tiempo, ha hecho notar a más de un observador, y no sólo a este e diario, la posibilidad de que se haya tratado de una medida estratégica del Gobierno para difuminar ante la opinión pública la tremenda estadística del paro galopante que, al margen de juegos de palabras, padece realmente el país. Puede ser. En cualquier caso, pocas dudas caben de que este estreno crítico del ministro es de esos que contribuyen a dilapidar la confianza instintiva de la gente en la autoridad, porque a cualquiera se le ocurre que si de verdad el riesgo anunciado fuera tan insignificante, la medida adoptada resultaría excesiva. No se retira del mercado un producto básico que consume el 70 por ciento de los hogares así como así, y desde luego, carece por completo de sentido que si el ministro tuvo alguna vez una información realmente alarmante, dos días después estuviera ya en condiciones de dar marcha atrás. Una de dos, o nos apuntamos a la tesis del despiste (lo del paro) o habrá que asumir que esta decisión no es sino un efecto de la bisoñez política de un ministro ciertamente improvisado. Es muy peligroso, en todo caso, jugar con la confianza pública, porque así como no tiene mayor trascendencia el hecho de que dos de cada tres españoles estén convencidos de que el Presidente ha mentido, sí que la tiene que un pueblo confíe a pies juntilla en sus responsables sanitarios. Soria se ha columpiado a modo o nos ha engañado a sabiendas, una de dos. Un fastidioso pecado original en un ministro novato.

 

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 En España hizo falta que la adulteración por anilinas del aceite de colza matara a 3.000 desdichados y afectara a otros 20.000 para que el Gobierno aceptara la necesidad de organizar seriamente la epidemiología y homologarnos en lo posible con la UE, y fue necesaria la mediatizada crisis de las vacas locas y las dioxinas –que llevaron a poner en cuarentena nada menos que las aves, huevos, leche y derivados, cerdo y ganado vacuno—para medio tomar en serio una facultad a la que, según sus propios expertos, le queda no poco por recorrer. Aunque, claro está, ese avance forzado se hizo al precio de un espectacular momento de histeria colectiva cuya afortunada solución espontánea no logró más que aumentar la desconfianza. ¿Cómo se puede ordenar la inmovilización del girasol (o del orujo, como hizo la ministra Villalobos) mientras los demás países de la Unión se limitan, en lugar de dar tres cuartos al pregonero, a adoptar la providencia lógica de localizar los lotes sospechosos y retirarlos del mercado? No sé, naturalmente, lo que Soria explicará a los congresistas, pero una vez más comprobamos que en el terreno epidemiológico nuestros ministros (desde el que dijo lo del “bichito” a la que propuso a las amas de casa el “caldito” famoso, pasando por otros varios) no llegan al cargo sobrados de preparación para cargar con semejante responsabilidad. Y nada digo si acabamos convenciéndonos de que la alarma desatada por Soria –que, para colmo, puede que le cueste una pasta al contribuyente como ya le costó la maniobra de Villalobos—no era más que una cortina de humo o un quite al ministro de Trabajo. Aún sin reponerse de la inconcebible trola de su currículo amañado, el ministro ha dado un cante especialmente descalificador. Ojalá no se le aplique la moraleja del pastor y el lobo, porque nada dispersa tanto el rebaño como esa fábula tan realista.

17 Comentarios

  1. Muchas veces, lo que pudiera ser cálculo, y mala leche, no es más que gilipoyez. Pero se pueden organizar apuestas, a ver lo que piensan los lectores. Yo apuesto por eso, “bisoñez política” como dice tan finamente el jefe, pura estupidez, vamos. Las apuestas están abiertas.

  2. Ese ministro no ha visto nunca un olivo ni un girasol, eso es lo malo, pero me pega lo que dice el señor gm sobre la posibilidad de que toda haya sido una cortina de humo…

  3. Nada se puede esperar de un ministro que empezó por falsificar su curriculum. Curioso: parece que la mala fama y los escándalos hacen más fueres a los políticos de ZP (éste, la Maleni, el zafio de Justicia). Me gustaría saber lo que opinan los comerciantes y trabajadores de este sector que acaba de arruinar.

  4. No creo en las casualidades cuando no hay justificación que valga. Este caso es muy claro y lo cierto es que desde que saltó a los teletipos se dejó de hablar del paro. Verde y con asas…

  5. Un artículo sin fundamento, gratuito y motivado solo por el rencor y la fobia al Gobierno y cuanto él significa. No digo más para no revelar a la vejancona y demás meapilas.

  6. Todo este asunto es muy raro. Me cuesta creer en tanta insolvencia. Entonces, ¿qué pensar? No creo que esté clara la intención, y m e parece que el jefe no afirma sino que solamente dugiere lo del humo ocultador. Un ministro que debería estar amortizado y, por lo que dicen algunos colegas suyos, un cuentista no poco ilustre. ¿Nunca pondrán un ministro de Sanidad que sea un médico preparado para la gestión pública?

  7. No tragamos con la versión oficial. Nota: la diferencia entre la reacción de cachondeo contra la ministra Villalobos y la actual. (No somos feministas, ni de nómina ni de nada).

  8. Si en USA ocurre algo semejante, los lobbies se envargarían de que ese tipo no volviera a pisar moqueta. ¿Xómo es posible que un falsificador de cirriculum sea mantenido y renombrado ministro? No entiendo nada.

  9. Viva mi don Sarko, con sus patrulleras y su comandos: cuatro piratas listos de papeles, y el resto entre rejas, el botín recuperado y los secuestrados libres. A lo peor para eso no sirve una ministrita preñada, puede ser, o tal vez sí, pero el caso es que no han hecho más de lo que pudiéramos haber hecho cualquiera de nosotros si nos trincan: pagar. ¿Para eso pagamos un Gobierno tan costoso?

  10. Es la consecuencia de funcionar con aficionados. Aquí se crea un ministro de un alcornoque o de un figurín, y así nos va. Nos está haciendo falta una clase política profesional de verdad (quiero decir profesionalizada yu no espontánea) como el comer. Empezando por el Presidente “bisoño”, esa charlatán de feria, actor consumado pero visible incapaz.

  11. Los costes del sector nos caerán encima,. como bien dice la columna, en cuanto un perjudicado se vaya ante el juez. De momento sabemos ya que se ha disparado la demanda de aceite de oliva en algunas zonas, desde Cataluña hasta Andalucía. Las pérdidas van a ser de órdago. Pero hay que sumarles el quebranto que producirán en las familias modestas que son, con preferencia, las que consumen ese aceite.

  12. Me temo que Soria haya llegado al podio de la gilipuayé -mi don obs, ¿a que parece así más fissno?- que solo alcanzaron antecesores suyos del nivel de Sancho Rof o la Celia, que nombra el Anfi, o Gª Valverde, más famoso por la renfe y pocos más, para no seguir dando nombres.

    Lo cierto es que desde Schez de León hasta este Bernat, el ministerio de Sanidad no ha estado en manos muy allá. E. Lluch no lo hizo mal como economista, aunque su empeño primero fue criminalizar a los médicos, tomando la parte -una minoría con problemas de compatibilidad horaria, venciendo la ley de la ubicuidad- y luego la gestión de la reforma con sus luces y sus sombras. El ‘tal Griñán’ demostró saber y experiencia también, y lo sigue demostrando. Un gran tipo.

    Respondiendo a mi don Páter, le expongo el caso de Ana Mª Pastor, médica, perteciente a la carrera del Cuerpo Superior de Salud Pública y Administración Sanitaria, con experiencia en la Junta de Galicia como gestora de su Consejería. Lástima que ‘oviere sido mejor vasalla si tuviere mejor señor’.

    Sociata, tronk, revisa tu ortografía y traga quina con la ineptitud de tantos conmilitones. Tú tampoco pareces una luminaria. Anda y que te den, que seguro que te gusta, zerolón.

  13. Yo también creo que a menudo lo que se le achaca al calculo y a la maldad es sólo ignorancia, miedo, y falta de humildad. Hoy estoy completamente con el Señor Páter.
    Besos a todos.

  14. La próxima vez don Griyo me llama tonta,…pero viniendo de él no me molesta en lo más mínimo….Además, ¡soy la primera en decírmelo!

  15. 10:09
    De eso nada, doña Sicard, Vd. de tonta no tiene ni un pelo.

    La bondad y la inocencia son virtudes harto raras en los tiempos que corren.

  16. ¿qué pasa de nuevo aquí?No funciona la cosa o se ha olvidado el mestro de sus discípulos?
    Si es lo segundo , se comprende , pero si es lo primero no, desde luego.¿Cómo unsimple problema de técnica no se puede subsanar rapidamente?

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