La gente suele confundir el PER con el subsidio agrario, ese justo derecho que igualaba al parado rural con el urbanita para acabar convertido en la espesa sopa boba que ha servido de cementón para fraguar el “régimen” de la hegemonía andaluza y extremeña. El mal llamado PER se pervirtió cuando pasó de ser remedio de auténticos desempleados a negocio familiar que conseguía meter en casa unos cuantos jornales al día apuntando en él a la mujer y a los hijos que hiciera falta, a base de apañar unas pocas peonadas en el tajo e incluso, llegado el caso, aceptándolas de mano de algún alcalde poco escrupuloso o, en fin, “comprándoselas” fraudulentamente a un mal nacido. Al principio de esta historia, cuando aquellos trabajos se reducían a adecentar cómodamente las cunetas de cada pueblo, hubo un caso en la Sierra Norte sevillana en el que las vecinas  pusieron a su alcalde contra la pared exigiéndole PER para todos como en su día republicano hicieran los paisanos de Marcelino Domingo con su célebre “Marcelino, colócanos a tos”, pero el alcalde, que era un lince, las citó a las cinco de la mañana para ofrecerles, no el esperado escobón de palma, sino un hacha doladera para cortar encinas que, en efecto, cortó por lo sano la ingenua euforia laboral. Muchos años después, antier por la mañana y en plena campaña electoral, le han dado a una hembra almeriense, que no cumple ya los 67 y parece que anda padecida, una espiocha para que cumpliera como un hombre y a pleno sol en el derribo de cierto edificio público, lo que ha provocado los presumibles aspavientos en unos/as, frente al concertado acuerdo de otros que ven en esa medida una insuperable aunque extrema demostración de igualdad. Al margen de las circunstancias del caso, parece obvio que resulta mucho más fácil proclamar la igualdad que aplicarla.

 

Sé que me juego el bigote al decir esto, pero defiendo que darle un zapapico a una anciana para que se gane la vida no es demasiado diferente de ofrecerle un bastidor a un rústico para que haga lo propio bordando galones y pasamanos. Lo cual nos devuelve a la encrucijada ética de la desigualdad entre los sexos, y no sólo física,  que la nueva cultura pretende noblemente superar en un concierto al que le faltan todavía serios ajustes. Mi amigo el alcalde mentado, que era de los mismos que habían inventado el PER y sus trucos, todo hay que decirlo, me miraba con socarronería cada vez que yo le exponía razones como la anterior. “¿Trabajo para jornaleras? ¡Pero, criatura, si no lo hay ni para los jornaleros!” Y añadía como quien declara un apotegma: “¡Un hacha hace milagros! ¿Tú sabes siquiera lo dura que está una encina?”.

10 Comentarios

  1. No le faltaba alguna razón a su amigo el alcalde. Si hubiera muchos como él otro gallo habría cantado aquí en muchos corrales.

  2. Al leerle, don José Antonio, tengo la impresion de que está usted hablando de la España decimonónica o de la de la generación del 98. Me lo represento todo en negro, como los cuadros de Solana.
    Algo triste, en todo caso….
    Besos a todos.

  3. Luego no se quejen de las exigencias catalanas que piden no alimentar a los «vagos» del Sur, como en Italia hacen los xenófobos fascistoides de la Liga del Norte. Es canallesco generalizar como se hace en este asunto pero creo que tiene su parte de culpa una Administración que ha facilitado el fraude (reducción del número de peonadas, extensión a todos del derecho pensado para los parados reales) con tal de construir su fortín electoral.

  4. Nada peor para un derecho que el abuso. Y más grave aún si el abuso se hace con la complicidad de la autoridad (hay varios alcaldes condenados con este motivo). Lo que no debe impedir valorar el seguro agrario como un actp de justicia. Eso es lo malo: que se ha pervewrtido la Justicia en abuso. Quienes tendrían que responder por ello no son solo los rurales que han trincado.

  5. No acepto la lógica de ese alcalde: es como si a él le dieran, para ganarse la vida, los mandos de un Yumbo. Muy bueno el ejemplo que pone don ja del bastidor. Pero el fondo de la cuestión, o sea, el abuso de lo que es un derecho, queda ahí, como una responsabilidad personal de los abusadores pero sobre todo como una culpa política. Los derechos sociales deben ser cuidadosamente protegidos evitando su mal uso.

  6. El alcalde del cuento era un vulgar machista, pero las «agredidas» sin duda que eran, a su vez, personas que trataban de apropiarse, en los márgenes que la ley dejaba, un derecho discurrido para atender a la mano de obra REAL que en el campo, dado el carácter estacional de sus tareas, carecía entonces de amparo social. Estas cosas ocurren como se dice y repite en el blog por la copmplicidad del Poder político que, sin duda, hizo esa ley a sabiendas de la que se avecinaba… en beneficio electoral suyo. A cada cual lo suyo, incluso un hacha.

  7. A mí me ha parecido no exenta de humor la ocurrencia del alcalde, por muy machista que sea, que creo que lo es. Les daré un dato cierto: si ustedes viajan por los pueblos de Andalucía, en especial los de la parte occidental, verán como yo mismo vi el verano anterior, que están siendo reedificados en masa. Y cuando pregunté a los mismos vecinos por la causa de tamaño esfuerzo me contestaron que era la consecuenbcia de que muchos jornaleros disponían desde hace años de varios jornales (mujer, hijos) diarios en casa. El alcalde del hacha tenía su parte de razón quizá…

  8. Se trata de una de esas anécdotas con las que resulta políticamente incorrecto reir pero que no dejan de tener su gracia. Por cierto, ¿era socialista (es un decir) ese alcalde? No me extrañaría un pelo por la experiencia que tengo de cómo funcionan esos señores cuando se el proleta se les pone flamenco. No me contesta si no quiere, pero me da que sí.

  9. Se agradece el salomonismo, don ja, sobre todo el ejemplo del bastidor ofrecido a un gañán, pero ándese con cuidado porque por menos de eso le pueden llamar machistas las mismas que guardan silencio ante el lío de Strauss-Kahn. Son muy susceptibles, don ja, seguro que usted lo sabe pero permítanos que se lo recordemos.

  10. Haga caso a estas últimas damas, porque las ménades súperultrafeministas pueden lanzarle anatema por lo del hacha. Que yo creo que, de entrada, es una anécdota graciosa. Hubiera sido muy iluminador que nos dihera quiéne se ese alcalde y de qué partido es.

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