La Junta no sabe que hacer con los “trabajadores” que cuando estaba en la oposición llamaba “enchufados”, esos 27.000 afortunados de la llamada “Administración paralela” en torno a los cuales el “régimen” caído –de momento— fue compactando su clientela electoral. Pondrá parches, sacudirá algunas alfombras, ya saben, pero no va a entrar como un caballo en esa costosa cacharrería. “¡Colócanos a tos!”, le decían a don Natalio Rivas y le dice ahora a don Juanma Moreno la legión saprofita que ha convertido la Función Pública en un balneario prohibitivo. Y es que parece que los nuevos no son tan distintos de lo relevados: no se puede denostar el enchufe de Bernat Soria con la misma boca que ficha a Enric Millo. O quizá sí.

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