Casa con dos puertas, mala es de guardar, reza el adagio antiguo que estos días se confirma en Andalucía. En efecto, ahí está el portalón de Gibraltar abierto de par en par para que pase el personal –sin cuarentena, “of course”—con el consiguiente riesgo de contagio. Y en el otro extremo, Almería, a cuya costa arriban desde Argelia lanchas rápidas controladas por las mafias, igualmente sin control alguno y sin que haya noticia del suceso por parte de la autoridad gubernativa de la provincia que, tal vez desconcertada, cierra los ojos al peligro. La Junta debe exigir al Gobierno –único competente en la materia– que proteja nuestro territorio ante esta situación que de hecho invalida los esfuerzos autonómicos por contener, en la medida de lo posible, la creciente pandemia.

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