No es nuevo el fraude científico ni la connivencia entre investigadores, publicaciones científicas y compañías implicadas. Varias veces hemos citado los divertidos ensayos de Di Trocchio, demostrativos de la amplitud de una actitud tramposa que alcanza, en todas las épocas, hasta los sabios más encumbrados. Particularmente en el terreno de la investigación médica, donde el negocio de la farmaindustria financia a manos llenas los proyectos de investigación y se encarga de difundir los resultados que le son favorables ocultando los adversos. Recientemente se ha descubierto el caso clamoroso del doctor Scott Reuben, responsable de las investigaciones que “demostraban” la eficacia de cierto fármaco y que se han demostrado completamente falsas: ni era cierta la virtud concluida por el investigador, ni los trabajos del sabio eran más que camelos financiados por varios laboratorios de primer orden que han obtenido a cambio, según los servicios de control que han intervenido en la estafa, colosales beneficios. Otra vez el caso del coreano que dijo haber clonado un ser humano, el de su colega descubierto en Italia tras un fenomenal rifirrafe, el de quién sabe cuántos embusteros más, entre los que hay que incluir, como es bien sabido, al propio Gallo, descubridor del virus del SIDA. En la revista ‘Science’ puede leerse un informe de la universidad de Texas que logró comprobar 212 casos de artículos duplicados, es decir, firmados por autores distintos sobre textos idénticos, y reputados organismos vienen cuestionando la connivencia entre esos investigadores y los laboratorios que pagan sus pesquisas a la hora de disimular los malos resultados o de amplificar en publicaciones prestigiosas el alcance de los beneficiosos para sus propósitos. Se asegura que millones de personas han recibido tratamientos no garantizados con esos productos en estudio. Di Trocchio no exageraba. El mercado del fraude científico está acaso en su mejor momento.

No sabemos, realmente, cómo de grande es el laboratorio en que hacemos de cobayas humanas, y no vayan a creer, como se ha dicho tanta veces, que sólo en países atrasados cuyas masas pobres han servido durante años para el caso. Incluso hay quien arriesga la posibilidad de que no sea pequeño el volumen de medicamentos que circula con patente de corso por nuestro botiquín, en ocasiones contando con la indigna complicidad de los poderes públicos. Lo que resulta menos tranquilizador aún es enterarnos de que hasta algunas instituciones científicas entre las más acreditadas participan de ese pufo que, como es lógico, las autoridades del ramo tienen escasas posibilidades de descubrir frente a la bien tramada cooperación de unos ‘sabios’ ambiciosos y sin escrúpulos. Lo de este Scott Reuben no es el primero ni ha de ser el último caso de infidencia científica en esta civilización que prospera a base de ‘burbujas’, rara vez, no nos engañemos, descubiertas a tiempo.

3 Comentarios

  1. Suscribo de la cruz a la rúbrica el mamoneo que durante tanto tiempo se han traído entre manos farmaceúticas y celebridades galenas. Hoy, al menos en ciertos ambientes, la cosa va a menos. Pero más de un gurú de relumbrón ha trincao, vaya si ha trincao.

    Conozco a un tipo, al que aún en su vejez sigo considerando un caballero, que pasó una semana de congreso en un sitio de postín para que le presentaran un medicamento que luego se vendió, gracias entre otras cosas a su importante puesto, como rosquillas. Ah, iba con su pareja, para que no sintiera la punzada de la distancia. Si hasta a galenillos proletarios les ofrecían un coche o unas buenas vacaciones si alcanzavab determinada facturación…

  2. “Paso por alto los muchos y muy célebres médicos, entre ellos los Casios, Carpetanos, Arruncios y Rubrios. Estos llegaron a obtener de los príncipes unas retribuciones de doscientos cincuenta mil sestercios anuales. Q. Estertinio hizo notar a los emperadores el favor que les hacía al contentarse con quinientos mil sestercios al año; demostraba, en efecto, contando el número de clientes a domicilio, que sus ganancias en la ciudad (Roma) ascendían a seiscientos mil sestercios” (Plinio el Viejo. Historia Natural, XXIX, IV, 7.)

    http://misaludnoesunnegocio.net/actualidad.php/en-que-consiste-la-privatizacion-de-la

    Salud-os per tutti, ….ji, ji, ji.

  3. No es noticia que los proyectos de investigación, las fundaciones, etc. se han convertido en muchos casos en puerta de entrada de dinero privado para financiar todo tipo de instituciones. El epígrafe de i+d+i todo lo puede a la hora de conseguir el beneplácito de la masa bienpensante.

    Por otra parte, la industria de los congresos, las publicaciones y los “papers” es una línea de negocio en sí misma. Recuerdo un libro de los 70 “Small World” que retrataba a la perfección el tráfico de conferenciantes de un continente a otro, las regalías inherentes a los viajes, los hoteles, los cócteles, etc.
    El ambiente repetitivo de las mismas conferencias, los mismos discursos, el mismo ritual de aeropuertos, presentaciones, hoteles, etc. queda retratado cómicamente en este fragmento del libro.

    “And, of course, not all the conferences…are concerned with English literature…Sometimes, when two conferences share the same accommodations, confusions occur: it as been known for a bibliographer specializing in the history of punctuation to sit through the first twenty minutes of a medical paper on “Malfunctions of the Colon” before he realized his mistake’.” David Lodge, “Small World”.

    Saludos

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