Vuelve Chaves a la Universidad, tras cuarenta años sabáticos que ha dedicado a la política. Es el recurso de muchos políticos sin mejor profesión, pero no dejan de resultar inquietante esas vueltas a una función tan importante sin la menor prueba de solvencia. Hace poco el ex-alcalde de Sevilla se reincorporó a la medicina pero como inspector médico, menos mal, y ojalá no tenga nunca que hacer lo propio, por el bien de los pacientes, pongamos  un Llamazares. La clase política no tiene oficio, en buena medida, y eso es malo tanto si perpetúa su acta como si vuelve, al cabo de los tiempos, a ese puesto de trabajo en el que casi nunca trabajó. Méndez, el de UGT, no tiene cotizado ni un día como trabajador por cuenta ajena: es un sindicalista profesional. Y el derecho del Trabajo ha cambiado como de la noche al día desde que Chaves lo manejaba. En la política, tenemos una clase sin oficio. Esa podría ser una clave para entender mucho de lo que nos pasa.

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