Ya está claro como el agua –si es que para algunos no lo estuvo siempre—lo que el PSOE buscaba en Punta Umbría apoyando a los dos tránsfugas del PP: hacerse con el urbanismo. Se jugaban muchos miles de millones en timbas demasiado próximas al Poder como para que el Poder se quedara quieto y a verlas venir. Pero ahora no valen excusas: sin en Gibraleón o Trigueros puede discutirse aún la clamorosa evidencia de que lo que se juega es el negocio del futuro aeropuerto, en Punta no cabe duda de que el objetivo es despejar el camino especulativo a los “amigos políticos”. Con la oposición en bloque pidiendo luz y taquígrafos, con la Biblia en pasta: da lo mismo: la política hoy, para muchos, consiste en tres cuartos de urbanismo y uno de retórica. Lo desconcertante, al menos para la izquierda residual, es que esa fórmula magistral se despache en la farmacia de la autoproclamada “izquierda”. Quizá el PP no tuvo en cuenta que en Punta se jugaba demasiado dinero. Pedir ahora que se investigue el caso es como discutir con el trilero después de levantado el cubilete.

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