La precariedad  institucional genera sin remedio una geometría imposible. Así, la cesión de la presidencia de la comisión parlamentaria de reconstrucción económica –explicable porque con la anunciada ausencia de Vox la comisión quedaría en manos de la Izquierda– brinda a ésta (incluidas las extremas) la ocasión del escándalo. Se entiende, pero no deja de ser incoherente que no repugnen a esos escrupulosos sus propios pactos con la Izquierda antisistema, los separatistas y los criptoetarras en el (des)Gobierno de España. ¿Es intolerable la compañía con VOX en Andalucía mientras no lo es la alianza con Podemos y Bildu en Madrid? ¿Es fatal esa presidencia y no lo es la de Iglesias en el Gobierno o su presencia en el CNI por no hablar de la entrega de la política laboral a Bildu? Decida el lector.

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