Ni siquiera las grabaciones pueden con la corrupción de la vida pública. En Sevilla se ha grabado a unos mendas municipales cohechando a un empresario; en el mismísimo Ayuntamiento de punta Umbría un concursante despechado ha hecho lo propio con un racimo de presuntos prevaricadores que le imponían aquello de “o estás conmigo o estás contra mí”; en la tele hemos visto a otro alcalde contando sin-vergüenza el dinero contante y sonante que le entregaba una víctima. ¿Qué más hace falta para tocar a rebato? Que el informe de la Fiscalía dando cuenta de que sólo entre los dos grandes sumaban cientos de “casos”, se ha archivado por la vía rápida. ¿Es inherente a la democracia la corrupción? Ésa es la pregunta que se hace ya una inmensa mayoría de los contribuyentes.

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