Da asco escuchar a la presidenta de Invercaria, la empresa de capital riesgo de la Junta, en la cinta grabada que, por fortuna, ya tiene en su mano la juez instructora. Imposible imaginar mayor desfachatez, menos sentido del pudor, tanta poca vergüenza. “Si me comprometiera con la ética no estaría trabajando en esta organización”, “Esto era la política de regalo para lo que saliera”, “Si no me haces informes pasados, no me vales como trabajador de Invercaria”.  ¿De dónde habrán sacado a este personal, a qué tratos habrán  llegado con ellos, cual es la idea de la Administración que tiene esta recua de agiotistas y ganapanes? “Todos los que están por encima de mí, saben lo que hay aquí””: quizá esta frase lo aclare todo por sí sola.

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