El entusiasmo de los científicos se compagina bien con el que gastan los políticos. Pudimos verlo antier martes cuando el ministro de Industria comparaba el estreno de la TDT con la llegada de la TV a España, símil a todas luces insensato, como lo era el de esa joven física cántabra que coordina el funcionamiento del detector de partículas (LHC) y que, explicablemente fascinada por la hazaña de recrear el ‘Big Bang’ al conseguir el choque de dos haces de protones lanzados a velocidades inimaginables  (esos fabulosos 3’5 teraelectrovoltios, próximos ya al ritmo de la luz), se embaló y se embaló hasta desmelenarse proclamando que, de hallarse al fin el bosón de Higgs o “partícula de Dios”, descubriríamos “cuál es el origen de la materia, por qué estamos en el universo, cual es la razón de que los objetos tengan masa y por qué el Universo se comporta como se comporta”. A mí me ha recordado nuestra científica, en su entusiasta ingenuidad, a aquel Bourdeau que, en el último cuarto del XIX, propuso escribir la Historia por medio de cifras y fórmulas, dejando las palabras para la literatura, y a tantos otros deterministas que probablemente nunca leyeron por derecho el axioma de Galileo de que la matemática es la gramática de la realidad. Es posible que estemos en el umbral de una nueva era, no lo dudo, como es seguro que esta proeza científica de nuestros físicos podría acabar explicándonos a fondo los mecanismos primordiales en que toma cuerpo el mito del ‘Génesis’. Lo que dudo es que descubrir esa huidiza partícula postulada por Higgs nos vaya a explicar de paso qué hacemos perdidos entre galaxias y mucho menos las misteriosas razones por las que el Universo es cómo es. Íbamos bien encaminados en lo antiguo, cuando filosofía y ciencia avanza cogiendo el paso, flanqueadas ambas por el mito del que me da el pálpito que nunca acabarán de librarse.

 

Conceptos como causa, ley, determinación o posibilidad, van y vienen por el saber moderno en un incierto vaivén, del que ya se ocupó mi maestro Maravall y sobre cuyo impacto en la geografía debemos una preciosa y olvidada reflexión a don Manuel de Terán. Por lo demás, más allá de mi respetuosa atención hacia la ciencia positiva, no creo que ninguno de sus descubrimientos consiga liquidar nunca la materia mítica inseparable de nuestro conocimiento de las cosas. Salvatore Quasimodo, el poeta comunista, celebró el lanzamiento del ‘Sputnik’ con un poema –“…mise nel cielo altre luinimari/ uguali a quelli que giravano dalla creazione del mondo”– en el que equipara la hazaña humana a la creación divina. Yo he visto ese aparato en Moscú y, palabra, no era para tanto.

6 Comentarios

  1. Divertido fin a una columna con mucha enjundia. Pues si en España, en donde generalmente se es bastante “matter of facts”,toman vuelo de esa forma imagínense con la pedantería franchuta, lo que eso puede dar!
    Un beso

  2. Con toda humildad hay que reconocer la inaccesibilidad de las últimas Causas. Tanto desde el mytos como desde el logos. Sacar esas conclusiones, como bien ve nuestro don ja, resulta exagerado y falto de cualquier base. Pero hay momento de euforia en que hay que saber comprender…

  3. Cualquier día volaremos por los aires… Si de verdad hubieran reproducido el Big Bang, además, sabríamos qué pasó, pero no por qué ocurrió, conoceríamos las causas de lo acontecido pero no la Causa anterior. ¿Donde estaba ese “huevo cósmico” infinitamente denso que estalló al fin? ¿Qué era el espacio antes de ser “espacio”? ¿Hay Alguien ahí…? Jagm lleva mucha razón cuando supone que el Mito acompañará al Hombre por siempre jamás.

  4. Casio nos hemos quitado la aplabar de la boca, amogo Rap (¿=Rapero?). Pero de lo que en definitiva se trata es de lo de Siempre. No entender que el conocimiento empírico nada tiene que ver con la creencia, es absurdo. Tan absurdo como querer imponer las creencias que, por otra parte, ya se encargan ellas de suicederse y liquidarse entre sí a medida que el tiempo les va dando ocasión.

  5. Desde el campo tranquilo ¡qué lejos se ven los problemas! En estas soledades he leído la columna que me ha parecdio magnífica como toque de atención a la “soberbia” cientificista, dicho sea en el tono más cariñoso. Me ha gustado mucho el comentario de Pangloss, y el del padre Cura, pero me quedo con la inteligente pulla con que comienza el párrafo segundo, recomendando cautela a la hora de hablar con rigor en materia científica y de conocimiento en general.

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