El Ayuntamiento de El Ejido ha tirado por la calle de en medio –con la que está cayendo—y ha prohibido en sus cales la mendicidad y la prostitución. No le faltará sus buena razones, por supuesto, pero es de esperar que haya previsto las consecuencias de esa providencia, especialmente dura en esta circunstancia de miseria que está pulverizando las posibilidades vitales de muchos ciudadanos marginados. Pobres y prostitutas tendrán que comer y dar de comer a los suyos como tendrán que dormir cada noche, a ser posible, bajo un techo digno. No sabemos cual será le proyecto de ese Ayuntamiento pero de haberse limitado a la prohibición habrían hecho un pan como unas tortas.

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