Según informaciones que acaban de trascender, la Hacienda española habría incrementado considerablemente su recaudación tributaria gracias a las denuncias ciudadanas que la han puesto sobre la pista de los defraudadores, seguramente porque la crisis ha contribuido a despejar las dudas de conciencia que pudieran quedar en la mentalidad colectiva a propósito de la actitud denunciante. Está claro que los Gobiernos tienen dificultades casi insuperables para controlar a las grandes fortunas, asistidas por los mejores expertos y, por supuesto, dueñas de deslocalizar sus capitales ante la menor amenaza. Hace dos años, la presidenta del Banco Mundial, Christine Lagarde envió al ministro de Finanzas griego, el socialista George Papaconstantinou, una relación de más de dos mil contribuyentes que poseían cuentas secretas en el extranjero en las que mantenían a buen recaudo sumas importantes de dinero sucio y otras nunca declaradas y que procedían en blanquear. ¿Y saben qué hizo el ministro? Pues dijo que había perdido el documento original, gran mentira puesto que, tras perder las elecciones, se lo entregó intacto a su sucesor para que fuera él quien se comiera ese marrón. Bien, pues ahora, el editor de un semanario griego, “Hot Doc”, las ha hecho públicas con un resultado tan sencillo como tal vez esperable: ha sido detenido y encarcelado por “violar la ley de protección de datos”, en este caso de datos de los defraudadores que en tan gran medida han contribuido a arruinar el país, de manera que, mientras la población menesterosas rebusca en los cubos de la basura –se ha escrito–, los grandes defraudadores del país son protegidos por el propio Gobierno y la judicatura como víctimas de denuncias ilegales. El editor, Kostas Vaxevanis, cita a Matías (23, 24), entre rebelde y resignado: “Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello”. Otra cosa no le queda ya.

Hacienda debería promover una intensa campaña para concienciar al ciudadano de la necesidad de su colaboración en la tarea fiscal. No porque “Hacienda seamos todos”, que eso es pura propaganda, sino por sanear de una vez esta ética que lleva plomo en el ala y confunde denuncia con delación. El problema estará, en cualquier caso, en ver quién es el que arroja la primera piedra en esta imprescindible lapidación dentro de un país en el que se elude sistemáticamente el IVA y se presume de la defraudación como de una gesta ingeniosa.

1 Comentario

  1. Cuando uno ve lo que hacen con el dinero colectado , a veces pienso cada cual lo habría utilizado mejor.
    Besos a todos.

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