Es triste pero, sobre todo, es inusitado, ver a todo un presidente de la autonomía aferrado al intento de silenciar a un periódico independiente, más triste aún ver cómo insiste en su versión tergiversada de la letra y del espíritu de una sentencia que lo ha dejado por los suelos y que, encima, han podido y pueden leer miles de ciudadanos. Es posible que, además de la soberbia, el emperre de Chaves –al margen de la mala situación objetiva de Andalucía–responda a la estrategia de cerrar el otro frente abierto en torno a las situación de sus hermanos en el escándalo con quiebra incluida de Climo Cubierta, pero ninguna de esas motivaciones justifican una actitud inédita entre los mandatarios políticos que, por otra parte, es prácticamente imposible que, en el caso más favorable para él, pudiera despejarse antes de que ande ya olvidado en la reserva. Guerra o González fueron listos no removiendo lo que olía mal. Chaves, evidentemente, está muy lejos y por debajo de aquellos linces. 

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